viernes, 15 de diciembre de 2017

Pedro Ordóñez de Ceballos. Militar, marinero, sacerdote, y escritor que dio la vuelta al mundo



Conquistador, corsario, comerciante, cronista y sacerdote que participó en varias gestas en Europa, América, África y Asia. Fue la primera persona en dar la vuelta al mundo desde América, partiendo de Guayaquil y regresando a la misma ciudad años después. Se autonombra “El Clérigo agradecido”

De su vida casi todo lo que se sabe procede de su libro autobiográfico Viaje del Mundo (1614), en el que la ausencia casi absoluta de fechas constituye un serio obstáculo para situar cronológicamente sus hitos biográficos. También contiene información muy valiosa la breve semblanza que compuso su amigo Jiménez Patón en la Historia de Jaén (1628), así como las dedicatorias de Ordóñez de Ceballos en algunas de las comedias basadas en sus vivencias por el mundo.


Pedro nació en Jaén hacia 1553-1555, hijo de un regidor de la ciudad, por lo que cabe deducir cierto grado de nobleza en su linaje y tuvo por maestro a Juan de Icíar (pedagogo y calígrafo durangués que fue preceptor del príncipe Carlos, hijo de Felipe II). A los nueve años se traslada a Sevilla, quedando a cargo de su tío Alonso de Andrade y Avendaño, para estudiar en el colegio de Maese Rodrigo y con los Jesuitas. Graduado en Artes y Humanidades y con el primer grado de las órdenes religiosas, en torno a los diecisiete años abandona los estudios y Sevilla para evitar las represalias de un marido celoso.

Emprende actividades comerciales por España y Europa y recorre durante unos dos años el Mediterráneo como alguacil real en las galeras de Juan de Córdova, héroe de la batalla de Lepanto (estando en Roma es recibido por el Papa Gregorio XIII, y de ahí salta a Túnez y a los Santos Lugares, para volver a España, habiendo navegado por Cerdeña, Mallorca, Ibiza y costas de Marruecos). De vuelta en Sevilla, ocupa el cargo de proveedor de la armada en los preparativos de la guerra del rey Sebastián de Portugal contra África, en el año de 1578. Viaja después a Cartagena de Indias con el general Diego Maldonado y regresa muy pronto a España, en diciembre de 1579, tras sufrir un naufragio.

Continúa su carrera militar al servicio del Marqués de Peñafiel, con el que parte a Flandes y otros lugares de Europa y, finalmente, a Lisboa. Interviene en la campaña de ocupación de esta ciudad por las tropas de Felipe II, en agosto de 1579.

A finales de 1580 retorna a Cartagena de Indias y permanece en América unos diez años, donde destaca como capitán en diversas campañas militares contra pueblos indígenas del Nuevo Reino de Granada. Funda las ciudades de Alta Gracia de Suma Paz y Santiago de los Caballeros y desempeña el cargo de visitador de Antioquia y Popayán.

Mapa de Asia (1689)
Ordenado sacerdote por Luis Zapata de Cárdenas, arzobispo de Santa Fe de Bogotá, muerto en 1590, ejerce como visitador eclesiástico y, luego, como cura en Pamplona (Colombia). Por orden del arcediano Francisco de Galavis, parte hacia España con los bienes del difunto obispo de Quito. Naufraga en Cuba, pierde los bienes y se aborta el viaje. Comercia con añil en México y Guatemala y consigue un galeón para regresar desde Acapulco a Quito. En el trayecto unas tormentas arrastran el galeón al interior del Pacífico, lo que supuso el comienzo de una azarosa vuelta al mundo que iba a durar unos tres años. Sin rumbo fijo, navega en compañía de su tripulación por las Marianas, Filipinas, China y Japón y en diciembre de 1590 se establece en los reinos de la Cochinchina y Champa, al sur de Vietnam, y logra convertir al cristianismo a sus habitantes y a la princesa heredera del trono que, bautizada por Ordóñez, recibe el nombre de María. Desterrado de esas tierras en agosto de 1591, navega por las costas de la India y es arrestado por las autoridades de Ceilán y Goa por un breve tiempo. Llega a Ormuz, pasa cerca de Madagascar y cruza el Cabo de Buena Esperanza. En noviembre de 1592 desembarca en Pernambuco. Regresa a Quito por tierra desde Buenos Aires al no poder cruzar el Estrecho de Magallanes.

Nombrado cura y beneficiado de Coca (Ecuador), pacifica, con gran éxito, a los indios quijos. Vuelve de nuevo a Quito con motivo de la rebelión de las alcabalas, en torno a 1593, y el obispo Fray Luis de Solís le entrega un curato en Pimampiro, cerca de Quito, como alivio de su penoso estado de salud, donde permanece entre 1595 y 1603.

En 1604, con unos cincuenta años de edad, regresa a España y a Jaén. Es el fin de su agitada etapa de viajes por el mundo, que duró, desde su salida de Sevilla en edad adolescente, unos treinta años. En su retiro de Jaén se dedica a poner por escrito las vivencias de sus viajes por el mundo y, al cabo de diez años, en 1614, se publican en Madrid, con el patrocinio de la influyente familia de los Dávila y Toledo, sus dos primeras obras, los Cuarenta Triunfos y el Viaje del Mundo, de cuya autenticidad se dudó desde el primer momento por lo asombroso de su relato.

En 1616 ve recompensada su labor por los servicios prestados con un canonicato en Astorga y, con el deseo de reemprender su actividad evangelizadora, es nombrado vicario general de la Cochinchina, Champa y Laos y chantre de Huamanga (Perú). Una larga enfermedad, de la que no se recuperará, le impide ocupar estos cargos y salir de España. Pierde su ojo derecho y queda medio tullido, por lo que encomienda a su amigo Jiménez Patón, importante humanista de la época, la redacción del libro que había proyectado sobre la historia de Jaén. A pesar de sus dolencias, publica en 1628 una breve monografía sobre la China, Cochinchina y Champa, Tratado de las relaciones verdaderas, reeditada en 1629 con otro título, Tratado de los reinos orientales. En 1634 se imprime en Baeza su última obra, en verso, Tres entremeses.

Adquirió cierta celebridad como escritor en su época por su libro Viaje del Mundo (reeditado, tras su muerte, en 1691) y se publicaron cinco comedias inspiradas en sus andanzas como trotamundos, una de Francisco de Guadarrama, Famosa comedia de La nueva legisladora y Triunfo de la cruz (Jaén, 1628), dos de Alonso Remón, Primera y segunda parte de la famosa comedia del Español entre todas las naciones y Clérigo agradecido (Jaén, 1629), y dos continuaciones anónimas, en 1628 y 1634. Murió en Jaén, en abril de 1636, habiendo testado ante Diego de Herrera, escribano público.

martes, 12 de diciembre de 2017

Vicente García de la Huerta. Destacado precursor del romanticismo español



Dramaturgo español. Bajo la protección del duque de Alba, ingresó en la Academia Española y en la de San Fernando, pero fue encarcelado en Orán debido a los sarcasmos que dirigió contra el conde de Aranda. Más tarde fue desterrado a Granada y sufrió siete nuevos años de presidio, tras lo cual se trasladó a Madrid, y estrenó su famosa obra “Raquel”.

Vicente Antonio García de la Huerta y Muñoz nació en Zafra (Badajoz) en 1734 en el seno de una familia hidalga, por ambas ramas, originaria de  San Martín de Villafufre en el valle de Carriedo (Santander) y falleció en Madrid en 1787 Hijo de don Juan Francisco García de la Huerta y de doña María Muñoz Asenjo.

En 1737 se traslada con la familia a la localidad de Aranda de Duero (Burgos) y allí pasará la infancia y primera juventud hasta que diez años más tarde la familia se traslada a Madrid y Vicente parte en 1747 para Salamanca para emprender los estudios universitarios, donde residía su tío Joaquín García de la Huerta, abogado de los Reales Consejos y tutor de nuestro poeta por aquellos años..

En el año 1757 se traslada a Madrid y bajo la protección del duque de Alba llega a ser oficial primero de la Biblioteca Real. Este mismo año contrae matrimonio con Gertrudis Carrera y Larrea. Consigue un gran prestigio social sobre todo tras ser nombrado archivero del duque de Alba y miembro de las Academias de la Historia y de San Fernando.

Tras el motín de Esquilache, en marzo de 1766, reinando Carlos III, por ser un posible instigador del mismo, huye a París donde es espiado por la Embajada e interceptan su correspondencia. El enfrentamiento con el conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla le provoca no pocos sinsabores. La posible relación del conde con la mujer de García de la Huerta y unas coplas, atribuidas sin razón a de la Huerta motivan su destierro de la corte primero al Peñón de la Gomera, luego a Granada (donde estuvo dos años) y después en el Peñón y más tarde en Orán (siete años) donde compone "Raquel", su primera y más destacada obra.


En 1777, con la llegada del conde de Floridablanca como sustituto del de Aranda, termina el destierro de García de la Huerta. Se instala en Madrid y recupera su antiguo trabajo de bibliotecario de la Biblioteca Real, aunque sufre ciertas penurias económicas. Estrena “Raquel”, con un gran éxito de público y reconocimiento de sus méritos literarios, considerada como la mejor muestra del teatro neoclásico español. Publicó también Agamenón vengado, adaptación de la Electra de Sófocles, y tradujo a Voltaire.

Editor de una poco acertada antología del teatro español en 16 volúmenes (Teatro español, 1785-1786), se le reprochó su supuesta falta de formación intelectual. A pesar de su escasa obra poética, parte de la crítica considera a García de la Huerta un destacado precursor del romanticismo español, debido a la fuerza de carácter que imprimió a sus personajes, algo alejados ya de la normativa clasicista.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Francisco de Argañaráz y Murguía. Conquistador y fundador de Jujuy


Francisco de Argañaráz y Murguía, también citado como Francisco de Argañarás y Murguía fue un militar, explorador, conquistador y colonizador español, que en 1593 fundó la ciudad de San Salvador de Jujuy en la gobernación del Tucumán (Argentina) y entre 1594 y 1596 se convertiría en el primer teniente de gobernador de la misma. 

Francisco nació alrededor del año 1562 en el pueblo vasco de Amézqueta, provincia de Guipúzcoa, hijo del capitán de Mar y Guerra Martín Ochoa de Argañarás y Verasategui, dueño de la Casa de Argañaraz, y de Leonor de Murguía y Salinas (casados en 1556), hija a su vez de don Amadís de Murguía, Señor de la Casa y Palacio de Murguía, en Astirraga y de Doña María Ortiz de Sandoval. Su padre fue conquistador de La Florida, junto a Pedro Menéndez de Avilés,  e intervino en Santo Domingo, Cuba y en Jamaica.

De familia hidalga, su abuelo paterno Martín Ochoa de Argañarás Garicano había tomado protagonismo en la custodia del duque Juan Federico I de Sajonia, tomado prisionero durante la Batalla de Mühlberg durante el reinado de Carlos V. Su padre, Martín Ochoa, fue, después de la campaña de Alemania, a la guerra contra los franceses, bajo el mando del general don Luis de Carvajal; allí tuvo nueva ocasión de probar su valor, principalmente en la batalla de Gravelinas, librada contra las tropas del mariscal de Thermes, el duque de Guisa y el conde de Egmont, cerca de la ciudad de Calais el 13 de julio de 1558.

La casa de Argañarás era una rica propiedad que podía proporcionar a sus dueños rentas importantes. Según los testigos de la probanza de nobleza de don Francisco, “es y ha sido casa solar y palacio de caballeros hijosdalgo notorios y casa de armería, que es cita y colocada en la dicha universidad de Amézqueta, con su ferrería, molino y presa de agua delante y otras muchas tierras y pertenencias, casas y caserías alrededor y vista de la dicha casa, con muchos bosques, robledales, jarales y castañares.

Hay al menos tres escudos atribuidos al linaje del fundador de Jujuy. En la imagen, dos de ellos, aunque no se sabe a ciencia cierta cual es el que usó.

Armas compuestas de Argañaráz y Murguía

 
Sello del IV Centenario de Jujuy


La muerte de su padre en combate con los indios, en la Florida (EE. UU.), donde tuvo un papel destacado en la toma del fuerte Carolina a los franceses, dejó a la familia en una situación de insolvencia e imposibilidad de mantener tierras y propiedades heredadas, las cuales eran administradas por el cuñado de este último, Felipe de Murguía, en favor de su mujer y sus hijos. Francisco se crió entre las adversidades heredadas y la enseñanza militar. Ya en América, la casa solar y las propiedades quedaron arrendadas a favor de su madre. Los últimos arrendatarios fueron sus parientes y colaboradores Francés de Argañaraz y su esposa Magdalena de Sarestuain. La situación financiera y sus gravámenes consumieron las propiedades a lo largo del tiempo. El resto de la familia se trasladaría con el paso de los años al nuevo continente y a Francia en menor medida.

A mediados de 1584, renando Felipe II, con escasa edad y por sus antecedentes familiares, fue nombrado para acompañar a Juan Ramírez de Velasco, que había sido nombrado por la corona como gobernador de la provincia del Tucumán. Así, Francisco partió hacia Andalucía, embarcándose en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1584, llegando a la ciudad de La Plata en noviembre de 1585 y en julio de 1586 arribó a Santiago del Estero, estableciéndose allí y fue regidor del cabildo. Se casó con Bernardina Mejía Mirabal, hija del reconocido conquistador Hernán Mejía Miraval, de cuyo matrimonio tuvo seis hijos.

Existían para ese entonces siete ciudades en la provincia —Santiago del Estero, San Miguel de Tucumán, Londres, Córdoba, Esteco, Salta y La Rioja— en las cuales se concentraba la totalidad de la población española. Sin embargo, dos zonas permanecían deshabitadas por españoles debido a la hostilidad de los indígenas que las habitaban: los valles Calchaquíes y la Quebrada de Humahuaca. En esta última, que servía de vía de comunicación con el Perú, en dos oportunidades habían fracasado las fundaciones de ciudades: Nieva (1561), que duró menos de dos años, y San Francisco de Álava (1563), que no llegó a cumplir un año.

Ramírez de Velasco volvió a intentar la conquista: había encomendado la fundación de una ciudad en el valle de Jujuy al capitán Pedro de Trejo pero este no tuvo los medios para tan ambiciosa empresa ni convenció a los pobladores de Santiago del Estero de seguirlo. De modo que encargó la misión a Argañaraz, que reunió gente suficiente en Salta y partió con cien españoles y numerosos indígenas hacia el valle de Jujuy, donde derrotó repetidas veces a los jujuyes, ocloyas y omaguacas antes de fundar, el 19 de abril de 1593, la ciudad de San Salvador de Jujuy. Asumió don Francisco el cargo de teniente de gobernador, justicia mayor y capitán a guerra de la nueva ciudad, que desempeñó con prudencia y sabiduría.
Catedral de Jujuy (Argentina)
Fundada en 1593, San Salvador de Jujuy fue un importante escenario de la historia de la Independencia Argentina, cuando en 1812 el General Manuel Belgrano emprendió el llamado “éxodo jujeño” con pobladores de la localidad.

Éxodo "jujeño"
 Al año siguiente se produjo la sublevación de los omaguacas del cacique Kuraca Vitilpoco, al que Argañaraz arrestó en una sorpresa nocturna en Purmamarca, pero tras lograr el bautismo del cacique y el compromiso de mantener la paz, lo puso en libertad. La ciudad se pobló rápidamente, impulsada por el comercio entre el Tucumán y Potosí y por la paz que Vitilpoco mantuvo con los españoles.

Argañaraz planeó hacer una campaña hacia las selváticas regiones ubicadas al este, en el valle de San Francisco, para enfrentar a los chiriguanos, pero un complicado pleito de jurisdicciones lo impidió: en 1594 se presentó en Jujuy el capitán Juan Ochoa de Zárate (…que, a la muerte de él,  sería su sucesor), con poderes otorgados por la Real Audiencia de Charcas para asumir el gobierno de la ciudad y ponerla en dependencia de la ciudad de Tarija. El cabildo de Jujuy optó por desobedecer a la Audiencia, mientras Argañaraz se trasladaba a Charcas, donde se le reconoció como teniente de gobernador.
 
Francisco de Argañaráz y Murguía redactó su testamento en la ciudad por él fundada ante el escribano Juan Rodríguez de Figueroa, el 13 de enero de 1602. Entre sus bienes declara deudas impagas denunciadas y documentadas, además de sus mayorazgos en España; las encomiendas de Osas, Gaypetes, Tilcaras y Guizpitas, una estancia en el valle de Zapla y una fundición de metales en Cochinoca. Todo lo cual ordena a su mujer que a su muerte venda y arriende. También junto a este testamento había aconsejado a su esposa regresar al País Vasco, pero ese deseo no se cumplió, y sus hijos permanecieron en la zona, con numerosa descendencia.

Los historiadores aceptan como probable que su muerte se produjese entre 1603 y 1604.

Para saber más:

martes, 5 de diciembre de 2017

Las órdenes militares hispánicas y la hidalguía


A partir del siglo XV, en las diversas Órdenes Militares, se exigirá la condición de hidalgo a fuero de España para todos los pretendientes al hábito. Esto, por otra parte, se sitúa en el terreno de la lógica, al ser, a partir de los Reyes Católicos, el Monarca el maestre de todas ellas y por tratarse de un procedimiento nacido de la autoridad y voluntad regia.

Las Órdenes se fundan en el siglo XII siguiendo el impulso religioso y caballeresco que suponen las cruzadas. Finalizada la primera con la conquista de Jerusalén, hubo que pensar en su defensa, y con ese designio Hugo de Payns instaura en 1120 la Orden del Temple. Es la primera de todas las Órdenes militares y el ejemplo en el que se miraron las siguientes. En 1126 los benedictinos establecen la Orden del hospital de San Juan de Jerusalén y ambas se convierten en la salvaguardia de los Santos Lugares, apoyadas por todos los reyes europeos. No obstante, la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, creada en 1098 por Godofredo de Bouillón, duque de la Baja Lorena, tras la victoriosa primera cruzada, es reconocida como la Orden de Caballería más antigua del mundo.


Al otro extremo del Mediterráneo y desde la invasión musulmana en el 711, España alimentaba un afán de restauración de su identidad que había alcanzado en lo cultural y administrativo con la Hispania romana y políticamente con el visigodo Recaredo. Las aspiraciones españolas se unieron al espíritu cruzado para la fundación de unas Órdenes propias: Santiago, en 1175 (año de la fundación religiosa); Calatrava, en 1164; Alcántara, en 1177, todas por bulas de Alejandro III; y Montesa, en 1317, según bula de Juan XXII. Los pontífices, conscientes de que la lucha en el occidente mediterráneo era la misma que se libraba en oriente, les concedieron iguales indulgencias a las otorgadas en Jerusalén.

Su fin era defender la fe cristiana, y el objetivo, recuperar los territorios ocupados por el Islam y liberar de su yugo a los cristianos que en ellos vivían. El modo, la lucha armada que se encomendaba a los caballeros, unidad de combate entonces formada por el jinete, el caballo y sus armas. Los miembros vivían en comunidad, estaban sujetos a los tres votos de la vida consagrada, rezaban las horas canónicas, dependían del Papa, gozaban de jurisdicción exenta y tenían gobierno propio.

Los caballeros de las Órdenes, milicia permanente al contrario que las mesnadas señoriales y reales que se activaban temporalmente para una campaña, fueron los protagonistas de la reconquista en la toma de Cuenca (1177); el desastre de Alarcos, que puso en peligro a los reinos peninsulares; y también en la gran victoria de Las Navas de Tolosa (1212), que abrió Andalucía a la cristiandad; en las reconquistas de Valencia de Alcántara (1221), Cáceres (1227) y Badajoz (1229) y en las campañas que terminaron con la liberación de Córdoba (1236) y Sevilla (1248). Por último, en la gran victoria del río Salado (1340), que terminó con el peligro de los benimerines.

Acabada la reconquista, defienden la frontera establecida con el reino vasallo de Granada donde quedaron recluidos los musulmanes. Cuando los Reyes Católicos deciden terminar con esa reserva del Islam, la guerra final recae de forma principal en las cuatro Órdenes, y el 30 de diciembre de 1492, Alonso de Cárdenas, maestre de Santiago, certifica la victoria asistiendo a una misa en el palacio de la Alhambra.

Los hábitos de las Órdenes militares no concedían hidalguía al que no la tuviera. Su prestigio estaba vinculado al grado de exigencia para entrar en cada una de ellas.

Caballeros de las órdenes militares españolas
En el Capítulo de la Orden de Calatrava, de 1600, se indicaba:

“Que los caballeros de nuestra orden sean nobles hijosdalgo al fuero de España y que dispensación de estos en cualquier tiempo se alcance se suplique a su Santidad. Esto que este capitulo pide es importantísimo para la calificación de nuestra orden, pues no es razón que en cosa tan esencial se le aventaje ninguna de las militares, especialmente que habiendo como siempre habrá caballeros en quienes concurren las calidades que este capitulo pretende que deben tener el hábito y insignia de nuestra orden por calificar sus noblezas y por los grandes premios que nuestra orden tiene para honrarlos no es bien que se admitan a la recepción a personas de menor calidad que desautoricen nuestra orden.”

Es este tipo de hidalguía el que podemos encontrar en los Establecimientos de la Orden de Santiago del año de 1555, donde se decía qué tipo de hidalguía se exigía a los pretendientes del hábito de esa Orden:

“Ytem si saben, creen, vieron o oieron dezir que el padre y la madre del dicho XXX. Y ansi mesmo el padre de la dicha su madre (nombrando los a cada uno por si) ayan sido y son avidos y tenidos y comúnmente reputados por personas hijosdalgo según fuero y costumbre de España. Y que no les toca mezcla de judío, ni moro ni converso ni villano, declaren como y porque lo saben, y si lo creen, como y porque lo creen y si lo vieron, como y porque lo vieron y a quien o como y que tiempo ha.”

Alfonso VIII entrega el castillo de Uclés al Maestre de Santiago (1174)
También, en la "Regla i establecimientos de la Orden de Santiago con la historia y principio della", García Medrano, Valladolid, 1653, se establece:

"Primeramente ordenamos que el que hubiere de tener el hábito de nuestra orden sea hijodalgo de sangre y su padre y su madre y abuelos y abuelas, y no de privilegio."

Dos siglos antes, ya en noviembre del año 1440,  en el Capítulo General celebrado en Uclés, se aprobó que los que hubieran de ingresar en la Orden habían de ser hidalgos por línea agnada y que la línea materna deberían ser cristianos viejos. La edad mínima para ngresar en la Orden de Santiago era de siete años cumplidos.

En 1609 en las «Definiciones de la Orden de Alcántara» se preguntaba sobre la hidalguía de la siguiente forma:

“Ytem si saben, creen vieron o oyeron decir que el padre y la madre del dicho su padre y assi mismo el padre y la madre de la dicha su madre, nombrándolos a cada uno de por si ayan sido y son avidos y tenidos y comúnmente reputados por personas hijosdalgo según costumbre y fuero de España y que no les toca raza ni mezcla de Iudio, moro ni converso, ni hereje ni villano en ningún grado por remoto que sea ni de penitenciado por el Santo Oficio por cosas de Fe, hasta la quarta generación. Declare a quien y como y que tanto tiempo ha: e asi mismo digan i declaren en que opinión han sido y son avidos y tenidos y de la publica voz y fama y limpieza que ay en sus personas i linaje [...].”

Fundación de la Orden de Montesa
Definiciones de la Orden de Montesa.—Capítulo XXX.—"Que ninguno pueda ser admitido, ni recibido al hábito de Caballeros de esta Orden si no fuese noble, generoso,  hidalgo, al modo y fuero de estos reinos, que se entiende que haya de ser hijodalgo de partes de padre y madre y abuelos varones de ambas partes."

Para saber más: Órdenes Militares Españolas, por el Marqués de Siete Iglesias. Revista Hidalguía, Nº 150, 1978, pp. 767-792

viernes, 1 de diciembre de 2017

José de la Puente Peña. De hidalgo a Marqués de Villapuente de la Peña



Marqués de Villapuente de la Peña (RD 24 de febrero de 1703), Caballero de la Orden Militar de Santiago (1696), Gentilhombre de Cámara de SM, Maestre de Campo de los Reales Ejércitos, gran benefactor de La Compañía de Jesús.

Palacio del Marqués de Villapuente (Muriedas / Camargo)
El palacio fue construido en 1727 por iniciativa de D. José de la Puente y Peña, caballero de Santiago y Marqués de Villapuente. Es una mezcla de palacio señorial y reducto militar.

José de la Puente Peña Castejón y Salcines nació en Muriedas, en el Valle de Camargo (norte de Cantabria), en marzo de 1670, de origen hidalgo, fue el tercero de los hijos de Don Juan de la Puente y Castejón, Alcalde de la Santa Hermandad de los hijosdalgo y Regidor Perpetuo de Muriedas, y de María de la Peña y Salcines, ambos naturales de Muriedas.

Su padre figuraba en los registros de moneda forera de 1664 y 1681 como hidalgo y con calidad de tal había desempeñado los empleos de alcalde de la santa hermandad y regidor en Muriedas. Por parte materno la hidalguía y nobleza de la familia había quedado suficientemente acreditada en 1688 cuando su tío Francisco había ingresado como caballero de la Orden militar de Calatrava. 

Los de la Puente asentados inmemorialmente en Camargo, tendrían su origen en las Encartaciones, Vizcaya y más concretamente en Balmaseda, donde existe un famoso puente del siglo XIII. Otras fuentes, de muy improbable documentación, remontan su origen al caballero legendario y heroico, que en solitario, defendió “la puente” antigua de la Ría de Solía, frente al invasor musulmán.

Con apenas 12 años de edad, José de la Puente, pasó a al Virreinato de Nueva España (México) reclamado por su tío materno, don Francisco de la Peña y Salcines, casado con Josefa de Rueda y Esquivel el 8 de julio de 1663, Capitán de las Reales Guardias de la Ciudad de México, Alcalde Ordinario y un importante mercader de la misma.

Aprendió el uso de las armas de su primo político don Francisco Lorenz de Rada, natural de Laredo (Cantabria), Marqués de las Torres de Rada, Caballero de Santiago, Maestre de Campo, Gobernador de lo político y militar de la Plaza de la Veracruz, y tratadista del arte de la Espada. Bien parecido, magnífico jinete que gustaba del juego de lanzas, y de carácter fogoso y algo pendenciero, mantuvo algún lance de espada por “asuntos de faldas”, así como otro muy sonado, como fue el duelo con Don Antonio Fernández de Juvera, Caballero de Santiago, con el que tuvo un desafío el 30 de diciembre de 1699 y al que dejó herido del mismo, lo que le costó ser suspendido temporalmente por el Virrey de su cargo de Alcalde Ordinario de la Ciudad de México (1700).


 José de la Puente sentó plaza de soldado en la Armada de Barlovento (1684) en la que sirvió por espacio de más de ocho años, participando en numerosas acciones de guerra contra piratas y corsarios. En 1692, acudió con sus armas, caballo, con otras personas y criados suyos, a la defensa de la Ciudad de México, más en concreto del Palacio Virreinal, Casas del Cabildo y la Plaza Mayor, atacada por el motín de los indios de 8 de junio, resultando herido en el combate.

El Virrey, Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, Conde de Galve, nombro a José de la Puente, Capitán de Infantería (1695) de una de las Compañías del Tercio miliciano, compuesta por 80 Infantes. Al año siguiente (1696) se le concedió el hábito de Caballero de la Orden de Santiago, sin él solicitarlo. El 5 de agosto de 1698, fue nombrado por el Virrey, don José Sarmiento de Valladares, conde de Moctezuma, Capitán de una de las Compañías de Infantería Española y de las dos que se levantaron en la Ciudad de México para la guarda y Guarnición del presidio que se formó en la provincia de la Florida, sito en el Puerto y Bahía de Santa María de Gálvez enfrentándose a la Armada francesa al mando del General Conde de Chaternau, a la sazón, en guerra con España en la llamada guerra de los nueve años (1688–1697).

Fue miembro del Cabildo colonial, Regidor y Alcalde Ordinario de México (1700) y Alcalde de la Mesta (1701). Llegando noticias a Nueva España del aviso del Rey, del gran armamento que holandeses e ingleses hacían para invadir y conquistar los reinos de Indias –aprovechando la Guerra de Sucesión española–, José se presentó al servicio del Virrey, ofreciendo acudir a la defensa del Puerto de Veracruz, lo que hizo con una Compañía de 50 hombres (montados, vestidos, armados y mantenidos a su costa), acción que le valió ser nombrado Capitán de Caballos y Corazas Españolas.

Armas del Marqués de Villapuente
En 1703, volvió a la península, en cuya Corte fue nombrado Gentilhombre de Cámara de SM (Caballero de llave entera Dorada) y Maestre de Campo de los Reales Ejércitos (4 de noviembre de 1703). Acudió a su pueblo natal para ser padrino de su sobrina Rosa María de la Puente y Velarde, antepasada directa del héroe del dos de Mayo don Pedro Velarde Santillán, sobrino tataranieto del Marqués de Villapuente. Por Real Decreto de 24 de febrero de 1703, recibió merced de título de Castilla con la denominación de Marqués de Villapuente de la Peña, con el Vizcondado previo de Miralmar y Sebrón (despacho Real de 22 de abril de 1704).

En ese mismo año de 1703, el ya Maestre de Campo, José de la Puente, al servicio del Gobernador y Capitán General Domenico Pignatelli Marqués de San Vicente, levantó un Tercio de 560 hombres, montados, armados, vestidos, mantenidos y pagados a su costa, durante más de año y medio que duró la amenaza de las Armadas inglesa y holandesa en las costas de Galicia. Le fue ofrecido por el Rey Felipe V, el nombramiento de Virrey de Nueva España, cargo que insólitamente rechazó, pues no tenía necesidad de nuevas mercedes –ya era inmensamente rico–, poseía minas de oro y de plata, y numerosas Estancias y Haciendas (algunas de las cuales destinaría como sustento del Fondo Piadoso de las Californias), además de una ingente cantidad de cabezas de ganado, llegando su número a más de 230.000. Entre los años 1702 y 1714, siendo Virreyes los Duques de Alburquerque (Francisco V Fernández de la Cueva y de la Cueva) y de Linares (Fernando de Alencastre Noroña y Silva), remitió cuantiosas sumas a Felipe V de España, para los gastos de la guerra que sostuvo el primer Borbón con la Casa de Austria.

Misión San José de Comondú
Tuvo el Marqués de Villapuente carácter emprendedor y aventurero, recorriendo en numerosos viajes, gran parte de las posesiones del todavía Imperio español de su tiempo. Mitad fraile mitad soldado, hizo suya la obra y el espíritu de la Compañía de Jesús, de la que junto con su mujer y prima, Doña Gertrudis de la Peña y Rueda (1670-1738) que habían contraído matrimonio en 1717, marquesa viuda de las Torres de Rada (había contraido primeras nupcias en 1700, en México, con Don Francisco Lorenzo de Rada y Arenaza), hija de Francisco de la Peña y Salcines y de Josefa de Rueda y Esquivel, fue sin duda el principal benefactor del primer tercio del siglo XVIII (tanto él como su esposa hicieron muy cuantiosas donaciones para las misiones de California. El Marqués donó, además, a los jesuitas para la casa de Ejercicios, que se convirtió luego en hospital de San Andrés, una suma muy importante). Falleció en Madrid el 13 de febrero de 1739. 


Escudos en la Iglesia de la Anunciación o de La Compañía como más se la conoce (en Santander), del primer marqués de Villapuente de la Peña, José de la Puente Peña (El primer escudo se corresponde con los los apellidos "De la Puente y Castejón" y el segundo, con los apellidos "Peña y Salcines"), gracias a cuya generosa contribución y a la de su esposa, pudo acabarse el edificio. La fundación de esta Iglesia corresponde a doña Magdalena de Ulloa, tutora de don Juan de Austria y esposa del mayordomo de Carlos V, don Luis de Quijada.

martes, 28 de noviembre de 2017

Alonso de Cárdenas. Último Maestre de la Orden de Santiago


Último maestre de la Orden de Santiago, que hacia 1483 construyó el castillo de Puebla del Maestre. Fue el padre de García López de Cárdenas, descubridor del Gran Cañón del Colorado. Fue maestre de la Orden de Santiago durante dos etapas: la primera, de 1474 a 1476 y, la segunda, de 1477 a 1493. 

Alonso de Cárdenas, prototipo del caballero de la nobleza media que asciende políticamente después de una dura vida de trabajos y combates, era hijo de Garci López de Cárdenas, Comendador Mayor de León de la Orden de Santiago. Fue padre de  García López de Cárdenas, descubridor del Gran Cañón del Colorado.


El joven Alonso se educó en la corte de Juan II de Castilla como paje del príncipe Enrique, el futuro Enrique IV. Su brillante carrera militar le llevará a ser designado Comendador Mayor de León y aspirará al maestrazgo de la Orden a la muerte de don Juan Pacheco, marqués de Villena, en los revueltos tiempos de la guerra civil entre los partidarios de Isabel y de Juana la Beltraneja, apoyada por Portugal.

El Maestre Juan Pacheco, marqués de Villena y privado de Enrique IV, murió en 1474. A su muerte se produjo un gran cisma dentro de la Orden: el primero en tomar el título de maestre fue el hijo del difunto don Diego López de Pacheco, marqués de Villena, porque su padre había renunciado en él el maestrazgo con el consentimiento de la mayor parte de los Trece y de los comendadores; el rey Enrique IV, por su parte, le dio de hecho posesión del maestrazgo.

Pero antes de que llegase la confirmación del Sumo Pontífice murió el rey Enrique IV; ahora era Fernando e Isabel los que tenían la palabra. Los nuevos reyes  que, siendo todavía príncipes, habían solicitado la administración del maestrazgo para cuando vacase, ahora al morir don Juan Pacheco volvieron a pedir esa administración, teniendo por nula la renuncia del difunto a favor de su hijo.


Otro maestre fue elegido en el Capítulo General de la Orden  convocado por el prior de San Marcos de León, alegando que a él le correspondía el derecho de convocar a los electores por haber muerto el último maestre en su provincia de León; reunido este Capítulo, eligieron como Maestre al Comendador Mayor de León don Alonso de Cárdenas.

Un tercer maestre surgió del Capítulo General convocado  por el prior de Uclés, alegando que a él correspondía  la convocatoria del Capítulo, como prior de la casa mayor de la Orden, para elegir nuevo maestre; el Capítulo de Uclés eligió como Maestre al comendador de Segura de la Sierra y conde de Paredes, Rodrigo de Manrique, el padre del poeta Jorge Manrique.

Ante esta compleja situación Fernando e Isabel, comprometidos con la guerra contra doña Juana, no quisieron desagradar a ninguno de los dos maestres, Don Alonso de Cárdenas y don Rodrigo Manrique, cuya ayuda en la guerra les era de gran valor. Por lo que se refiere al marqués de Villena, que había tomado partido por doña Juana, los reyes podían ignorar su maestrazgo por el momento.

Otros pretendientes se postularon también al maestrazgo, no reconocieron el autonombramiento de Cárdenas e invadieron los dominios santiaguistas. Alonso de Cárdenas firma entonces un pacto de no agresión con Rodrigo Manrique (negociado por Jorge Manrique, el poeta, que era hijo de Rodrigo), para poder defenderse primero de los pretendientes y discutir más adelante quién debería ser el único Maestre. Comienza entonces una guerra en tierras de Badajoz por las posesiones de la Orden. El primer pretendiente es el Conde de Feria, que tiene su base en Zafra. Su acción más importante es el asalto al castillo de Jerez de los Caballeros, pero fracasa y es rechazado con firmeza por Cárdenas.

Sucede entonces la invasión del Duque de Medina Sidonia, Enrique de Guzmán, pretendiente también al Maestrazgo, Se dirigió a Jerez de los Caballeros, recién ganada por el Maestre Cárdenas, pero viendo que la fortaleza se defendía con firmeza, se volvió con su gente hacia el centro de los dominios santiaguistas que recorrió exigiendo rentas y tributos. Se estableció en Fuente de Cantos, después las tropas del Duque pasaron de largo junto a las murallas de Llerena, defendida por el Maestre en persona, y se fueron a pernoctar a Guadalcanal. Cárdenas salió en su persecución aquella misma noche con sólo 350 jinetes y otros tantos peones. Entró de madrugada en Guadalcanal, huyendo el Duque y sus tropas en todas direcciones, llegando unos a Alanís, otros a Cazalla, y los que intentaron defenderse fueron arrollados sin contemplaciones.

Estas luchas se confunden con los coetáneos episodios de la guerra con Portugal y los partidarios de la Beltraneja. El Maestre don Alonso se distingue respondiendo a la invasión portuguesa con una victoriosa incursión en tierras de Portugal y la conquista de algunos castillos fronteros.

En 1476 muere don Rodrigo Manrique, el maestre rival. Los Reyes Católicos quieren asumir la administración del Maestrazgo para evitar pueda servir a nuevas complicaciones nobiliarias. No obstante, reconocen las brillantes cualidades demostradas por Alonso de Cárdenas frente a pretendientes y portugueses, y empiezan a pensar en él como un magnifico jefe militar, y después de importantes negociaciones, reconocerán a Cárdenas como Maestre. Y este hecho es el que se formaliza escenificándolo en la reunión del Capítulo General de la Orden que tiene lugar en la ermita de San sebastián de la localidad pacense de Azuaga el 28 noviembre de 1477, que proclama unánimemente a Alonso de Cárdenas como último Maestre de la Orden de Santiago, donde se le concedió el titulo de Encomendero de Azuaga formada por las villas de Azuaga, Berlanga y Granja de Torrehermosa, sus aldeas (Malcocinado, Cardenchosa) y rentas de Valverde. y dehesas de pastos (Carderuela, junto al río Sotillo) y tierras de labor (Vegas de la Matachel y de la Granja ).. Construyó el castillo de Puebla del Maestre.

Poco después tuvo que enfrentarse con el Duque de Medina Sidonia que le disputaba el maestrazgo, pero consiguió vencerle en 1478. Ya siendo maestre de la Orden acompañó a los Reyes Católicos durante la conquista de Granada y por ello fue nombrado Sr. de la Puebla del Maestre, título creado el 25-6-1492 tras la conquista del reino de Granada.

En lo referido a la salvaguardia de los contenidos del linaje Cárdenas la cláusula final del mayorazgo instituido por Alonso de Cárdenas, el Maestre , estipulaba como condición indispensable , la utilización del Apellido y Armas de Cárdenas por todos los titulares y obligaba si heredaban las mujeres a unirse matrimonialmente con personas salidas del linaje Cárdenas.

Tras su muerte, la Orden de Santiago pasó, por dispensa papal, al dominio real, ya que una vez finalizada la Reconquista no había mucho que repartir entre los caballeros ni nada por lo que ellos debieran luchar. Alonso de Cárdenas murió en 1493 y su sepulcro se encuentra en la iglesia de Santiago de Llerena.

En la iglesia de Santiago se custodian además de una interesante serie de retablos, pinturas e imágenes de estética barroca, el sepulcro del Maestre de la Orden de Santiago don Alonso de Cárdenas y de su esposa doña Leonor de Luna, obra de gran calidad de estilo gótico internacional, del tipo exento, labrado todo él en alabastro. El sepulcro que fue tristemente adosado a uno de los muros de la cabecera del templo cuenta además de con las efigies de don Alonso y su esposa con el yelmo y el caballo a los pies y un ángel que porta el libro de oraciones respectivamente, con una serie de tableros en los que se labran los escudos de las dos familias sostenidos por sonrientes ángeles, así como las efigies de santos y apóstoles como Santiago el Menor, Santa Práxedes, Santa María Salome, etc.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Cena anual de asociados y VII Premio Real Asociación de Hidalgos de España (2017)



Como viene siendo tradicional, el viernes 24 de noviembre, se celebró la cena anual de asociados a la Real Asociación de Hidalgos de España (RAHE), a la que acuden tanto sus propios miembros como invitados, y otros de otras corporaciones nobiliarias, o personalidades distinguidas, que nos acompañan en este encuentro.

Durante el mismo, al comienzo, se realizó la entrega del VII Premio Hidalgos de España sobre Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, que ha recaído en arqueólogo e historiador Juan Carlos Elorza.

Juan Carlo Elorza, VII Premio Hidalgos de España

Juan Carlos Elorza recibe el VII premio Hidalgos de España
El premiado, con el premio recibido


Este año, como los dos anteriores, el lugar del encuentro ha sido el Hotel Ritz (Madrid), un hotel centenario desde 2010, con mucho encanto, en donde hemos podido disfrutar de una entrañable velada y cena. En años anteriores, la celebración tuvo lugar en los salones del Club Financiero Génova, desde donde se tenían unas magníficas vistas de Madrid y, anteriormente, hasta el año 2011, en el Casino de Madrid, con gran éxito de participación en todas las ocasiones.


D. Manuel Pardo de Vera y Díaz, Presidente de la RAHE
Durante el transcurso del evento, con numerosa asistencia, antes del inicio de la cena, tuvo lugar el acto de entrega formal del VII Premio Hidalgos de España sobre Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, que en esta ocasión ha recaído en el arqueólogo e historiador Juan Carlos Elorza, por su obra “Armas Reales en la provincia de Burgos (de  Isabel I de Castilla a Isabel II de España)”, donde muestra un profundo conocimiento de la heráldica real entre los siglos XV y XIX. El premio está dotado con 6.000, así como con la publicación de la obra por Ediciones Hidalguía.

Juan Carlos Elorza Guinea, doctor en filosofía y letras por la Universidad Autónoma de Madrid, y doctor en antropología por el Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana de Roma, presenta en su obra un cuidadoso estudio de las armas de los monarcas reinantes limitado al ámbito geográfico de Burgos. El trabajo sobre heráldica contextualiza cada una de las armas reales intentando conocer el porqué de ellas y el porqué del lugar donde han sido halladas. Se destaca el orden cronológico que ha seguido el autor de la obra y las novedades históricas que presenta en el trabajo. 


José M. Huidobro con el premiado, Juan C. Elorza
El acto estuvo muy concurrido, con unos 150 asistentes y presencia de representantes de varias corporaciones nobiliarias (entre ellas el Santo Sepulcro, Malta, Maestranza de Sevilla, Montesa, Constantiniana, Cuerpo de la Nobleza de Asturias, etc.*), que compartieron mesas en un espléndido salón del Hotel Ritz; además de una nutrida representación de jóvenes hidalgos, el futuro de la Asociación.


Tertulia y dos de las mesas, en el Hotel Ritz
Garcia-Mercadal, González de Canales y Fernández-Xesta
Noble Asociado de nuevo ingreso (entrega de diploma)
D. Fernando González de Canales, Secretario de la RAHE
D. Manuel Pardo de Vera, Presidente de la RAHE

Al finalizar la magnífica cena, el Secretario de la RAHE, D. Fernando González de Canales, hizo un resumen de las numerosas y destacadas actividades llevadas a cabo durante el presente año, así como un balance de la situación económica de la RAHE y se realizó la entrega de diplomas e insignias a los nobles asociados de nuevo ingreso a lo largo del presente año. Para finalizar, nuestro Presidente, D. Manuel Pardo de Vera y Díaz, pronunció unas palabras y se realizó un brindis para cerrar el acto.


*Al acto de entrega del VII Premio, además de los propios asociados han asistido representantes de muchas de las Corporaciones Nobiliarias españolas así como de otras instituciones que colaboran habitualmente con la Real Asociación de Hidalgos de España:

Reales y Militares Órdenes de San Fernando y San Hermenegildo; Subpriorato de San Jorge y Santiago de la Soberana O.M.de Malta; Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén; Orden Militar de Montesa; Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge; Real Maestranza de Caballería de Sevilla; Real Maestranza de Caballería de Granada; Real Maestranza de Caballería de Zaragoza; Real Cuerpo de la Nobleza de Cataluña; Real Estamento Militar del Principado de Gerona; Real Hermandad del Santo Cáliz, Cuerpo de la Nobleza Valenciana; Real, Muy Antigua e Ilustre Cofradía de Caballeros Cubicularios de San Ildefonso y de San Atilano de Zamora; Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias; Maestranza de Caballería de San Fernando; Cuerpo de la Nobleza del Antiguo Reino de Galicia; Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía; Archivo Real Chancillería de Valladolid y Asociación Realidades.