sábado, 25 de julio de 2015

Festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España

La leyenda atribuye al apóstol Santiago la evangelización de España y el 25 de julio se celebra la festividad de "Santiago Apóstol", al que se le conocía hace siglos como el "Matamoros". Ese nombre se origina durante la Reconquista, en la que participaron y se hicieron numerosos hidalgos, y da a entender que las tropas Cristianas tenían al Apóstol como patrón.  

El 23 de Mayo del 844 el rey Ramiro I de Asturias, con sus escasas huestes, obtiene una apabullante victoria frente a los “moros” en el lugar de Clavijo (Soria), que en la actualidad pertenece a la provincia de La Rioja. tras la reestructuración administrativa, en 1833, de Tomás de Burgos,
 
Dice la tradición que Santiago evangelizó las ciudades de Uxama y Numancia antes de llegar a Zaragoza tras estar en Iria (Galicia), donde sería encontrado su cuerpo en el 810 por el obispo Teodomiro.




Relieve románico, situado en una portada del crucero de la catedral de Santiago de Compostela. Es una de las primeras representaciones artísticas que existen del apóstol en la batalla de Clavijo. La veracidad de este suceso aún es objeto de debate entre los historiadores, al igual que la propia venida del santo a España y el hecho de que realmente pueda estar enterrado en el subsuelo de la catedral compostelana.


La tradición del "Matamoros" se remonta al reinado de Ramiro I (muerto en 850) que sucedió en el trono de Asturias y León a su tío Alfonso el Casto (muerto en 842). Al fallecer su tío, los moros reclamaron el tributo de las cien doncellas (cincuenta hidalgas y cincuenta plebeyas) que tenían impuesto a los cristianos. Ramiro I no quiso entregarles las cien doncellas y se enfrentaron en Clavijo. La víspera de la batalla, según la tradición, se le aparece en sueños el Apóstol Santiago y le dice que ha sido designado por Dios como Patrón de las Españas. Santiago anima a Ramiro al combate y le pide que lo invoque. Los cristianos dan batalla al grito de "¡Dios ayuda a Santiago!", y los moros son vencidos.


Representación del Apostol Santiago en la batalla de Clavijo
Parece que la primera imagen del santo a caballo se encuentra en el estandarte de la donación de la fortaleza de Uclés a la Orden de Santiago, en el año 1175, orden en la cual los estatutos afirman que “los caballeros deben participar a la defensa de la cristiandad y hacer la guerra a los Sarracenos…”

Para saber más...

La Crónica del Rey Sabio (Alfonso X de Castilla) habla de este hecho: 

"E los moros quando sopieron aquello, allegaronse todos en uno contra éste; fueron muchos e demás e hovieron con él su batalla en un logar que dicen Alvella, e los Christianos hovieron lo peor de la batalla: e fueronse venciendo e tornando las espaldas poco a poco a los moros, fasta que llegaron a un collado a que dizen Clavijo e tomoles allí la noche... e faciendo sus oraciones adurmiose el Rey Don Ramiro, e vino a él el Apóstol Santiago..." 
En el Poema de Fernán González:

Aun te dice más el alto Criador:
Que tu eres su vasallo e él es tu señor,
Con los pueblos paganos lidiarás por el su amor,
Mándate que te vayas lidiar con Almozor.
 
Yo seré ahi contigo, que me lo ha otorgado,
Ahi será el apostol, Santiago llamado,
Enviar ha don Cristo valer a su criado,
Será con tal ayuda Almozorre embargado.

El Conde don Fernando con su gente lozana
Todos oyeron misa otro día mañana;
Fueron todos en el campo a primera campana,
Paráronse las haces en medio de la plana.

Comenzaron el pleito a do lo habían dejado
Llamando Santiago, el apóstol honrrado;
Las faces fueron vueltas, el torneo mezclado,
Bien habían castellanos aquel menester usado.
 
Querellándose a Dios el Conde don Fernando,
Los finojos fincados, al Criador rogando
Oyó una grande voz que le estaba llamando;
Ferrando de Castilla: hoy te cresce muy grand bando.

 Alzó suso los ojos por ver quien le llamaba;
Vió al santo apóstol que de suso le estaba,
De caballeros con él gran compaña llevaba,
Todos, armas cruzadas, como a él se semejaban.


En el Cantar de Mío Cid

Todos fieren en el haz do esta Pero Vermuez;
trezinetas lanças son, todas tienen pendones,
Seños moros mataron todos de seños colpes,
A la tornada que fazen otros tantos son.
¡Veriedes tantas lanzas y alçar,
Tanta adagara foradar y pasar,
Tanta loriga falsa desmanchar
Tantos pendones blancos salir bermejos en sangre,
Tantos buenos caballos sin sus dueños andar!
Los moros llaman: ¡Mafomat!
Y los cristianos: ¡Sant Yaguo!
Como se lo ha dicho al Campeador mucho le plaze.
Mañana era y piensanse de armar,
Quis cada uno d'ellos bien sabe lo que ha de far.
Con los albores mio Çid ferirlos va.
¡En el nombre del Criador y del apostol Santi Yaguo!
Feridlos, caballeros, de amor y de grado y de gran voluntad,
Ca yo so Ruy Diaz, mio Çid el de Bivar.

viernes, 17 de julio de 2015

Pedro Laso de la Vega y Guzmán. Comunero de Toledo


Pedro Laso (o Lasso) de la Vega y Guzmán nació en Toledo en octubre de 1554, hijo de Garcilaso de la Vega, señor de Arcos, y Sancha de Guzmán, señora de Batres.  Fue señor de Cuerva, regidor de Toledo y participante como uno de los jefes comuneros en la Guerra de las Comunidades de Castilla.


Ajusticiamiento de los capitanes comuneros en Villalar
el 24 de abril de 1521, (por Antonio Gisbert, año 1860)
 Tuvo seis hermanos, entre ellos, el célebre poeta Garcilaso de la Vega. En su primer matrimonio con María de Mendoza tuvo cuatro hijos varones: Garcilaso de la Vega, futuro embajador de Felipe II, Pedro González de Mendoza, canónigo de Toledo, Álvaro de Luna, caballero de la Orden de Alcántara, y Lorenzo Suárez. Contrajo un segundo matrimonio, en Elvas el 5 de febrero de 1526, con Beatriz de Sá, dama de la emperatriz Isabel de Portugal. Beatriz murió en Toledo antes del 11 de marzo de 1530 sin dejar descendencia. Pedro Laso de la Vega volvió a unirse en matrimonio, en 1536 o 1537, con Isabel de Sá, su cuñada.

Pedro Laso se niega a acudir a las Cortes en Santiago de Compostela como representante de Toledo, por orden de Carlos I, lo que le supondrá el levantamiento de Toledo como ciudad rebelde. Al finalizar el conflicto de las comunidades, temeroso de la represión del rey, tuvo que exiliarse a Portugal, hasta que tras el perdón general promulgado por Carlos I  pudo regresar a su hogar. Falleció en octubre de 1554 y fue enterrado en la iglesia parroquial de Cuerva (Toledo)  junto a sus padres.

Casa de la Vega y sus Armas

La Casa de la Vega, Laso de la Vega o Lasso de la Vega (a veces también Garci Lasso de la Vega y Garcilaso de la Vega en referencia a algunos de sus miembros) es un linaje nobiliar español con origen en Torrelavega (Cantabria), establecido en la Edad Media. Fueron uno de los linajes más importantes del territorio hoy comprendido por Cantabria, Palencia y Burgos, dominando un gran número de terrenos y propiedades, entre los que destacan la Torre de la Vega y el Castillo de Argüeso.

La rama principal entroncó con la Casa de Mendoza, que tomó su lema: Ave Maria Gratia Plena, al unirse por matrimonio el mayorazgo de la familia, recaído en Leonor de la Vega con Diego Hurtado de Mendoza. De dicha unión nació Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana. A partir de aquí, el señorío de la Vega pasó a ser propiedad de sus sucesores, los duques del infantado.

Su mayor poder lo obtuvieron en el siglo XV, cuando enfrentándose a la Corona establecieron los mayordomazgos, un sistema administrativo propio e independiente del real, centralizado en el castillo de Pedraja, que les pertenecía. Por esta época otros varios señores y altos cargos reales se disputaban el poder en Cantabria, creando un gran conflicto social.

Otras ramas menores de la familia continuaron residiendo en las Asturias de Santillana, o se extendieron fundando casas por toda la península, siguiendo el proceso de Reconquista.

En cuanto a las armas originales de la familia, las mismas consisten en la salutación angélica "AVE MARIA GRATIA PLENA" orlada en letras de azur sobre campo de oro. La leyenda dice que el rey de Castilla, Alfonso XI, se las otorgó a los hermanos Garcilaso y Gonzalo de la Vega en la batalla del Salado (1340) por su actuación durante la misma y, en concreto, por matar a un moro que llevaba una cinta con dicha inscripción colgada de la cola de su caballo. Posteriormente, los diversos entronques y fundaciones dieron lugar a múltiples variaciones, siendo la más importante la que lleva la rama troncal, cuartelada en sotuer con las armas de Mendoza.

viernes, 10 de julio de 2015

Jorge Juan Santacilia. Marino y científico. "El sabio español"

Destacada figura del siglo XVIII y miembro de diferentes Academias científicas europeas, se involucró decididamente en los planes reformistas del Estado borbónico, renovó los estudios de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, ciudad en la que fundó el primer Observatorio Astronómico de España; dirigió las obras de construcción o renovación de los arsenales de La Carraca, Cartagena y El Ferrol, desarrollando una fecunda labor científica en el campo de las matemáticas, la astronomía, la construcción naval y la mecánica del buque.

Junto a Antonio Ulloa formó parte de la comisión hispano francesa encargada de la medición del meridiano en las cercanías del ecuador, y de rectificar la verdadera figura de la Tierra.

 Jorge Juan nació en Novelda (Alicante) el 5 de enero del año 1713 y fue bautizado en la iglesia de Monforte del Cid. Descendía de dos ilustres familias, la de su padre don Bernardo Juan y Canicia (caballero de la Orden de Malta) era de Alicante y provenía de la rama de los Condes de Peñalba. Su madre, doña Violante Santacilia y Soler de Cornellá, XVIII Señora de Asprillas, pertenecía a una notoria y hacendada familia de Elche. Ambos eran viudos y casados en segundas nupcias. Habitaban en su casa de Alicante de la Plaza del Mar, pasando sólo temporadas de descanso en Novelda.


Uno de sus antepasados, Salvador de Medina y Juan, obtuvo una certificación de provisión de Hidalguía de sangre en la Real Chancillería de Granada en 1666.

Tenía tres años de edad cuando quedó huérfano de padre, estudiando las primeras letras en el colegio de la Compañía de Jesús de Alicante bajo la tutoría de su tío don Antonio Juan, canónigo de la colegiata. Poco después, su otro tío paterno don Cipriano Juan, Caballero de la Orden de Malta, que por entonces era Bailío de Caspe, se encargó de su educación enviándole a Zaragoza para que cursara allí los estudios de Gramática, que en aquel tiempo constituían una enseñanza preparatoria para otros estudios superiores.


Al cumplir los doce años su tío le envió a Malta como paje del Gran Maestre de la Orden de Malta y allí permaneció hasta mediados de 1729 fecha en la que, tras recibir la encomienda de Aliaga (Teruel), regresó a España para ingresar en la Academia de Guardias Marinas que en 1717 se había creado en Cádiz. Su sólida formación en matemáticas y astronomía le permitió embarcar casi de inmediato participando, entre otras, en la expedición que en 1731 trasladó a Nápoles al futuro Carlos III así como en la que reconquistaría la plaza norteafricana de Orán en 1732.
 
La experiencia adquirida en navegación y sus más que suficientes conocimientos fueron determinantes para que en 1735, con tan sólo veintiún años y siendo un simple alférez, fuera elegido junto con el guardiamarina Antonio de Ulloa, para incorporarse a la delegación de científicos enviados por la Academia de Ciencias de París, que contaban con el preceptivo permiso del rey de España (Felipe V), primo del rey de Francia Luís XV, para dirigirse al virreinato del Perú y allí efectuar las observaciones y trabajos conducentes a la medición del grado de un arco de meridiano por debajo de la línea del ecuador; tarea que, a posteriori, consagraría a los marinos españoles como científicos y les proporcionaría bien ganada fama, sobre todo a Jorge Juan. Para que fueran presentados con una cierta graduación militar, ante los sabios franceses que formaban la comisión de ese país, se les ascendió a tenientes de navío, dándoseles la paga correspondiente, y los dos dieron un salto de cuatro grados con tal fin.

La Mitad del Mundo (Foto del autor del blog)
La estancia de Jorge Juan y Antonio de Ulloa en América se prolongó hasta octubre de 1744, en que embarcaron por separado en navíos franceses para regresar a España por la ruta del cabo de Hornos. Jorge Juan, tras un viaje menos azaroso que el de su compañero, llegó al puerto de Brest en octubre de 1745, desde donde marchó a París antes de regresar a España. En la capital francesa fue nombrado miembro correspondiente de la Academia Real de Ciencias. Los resultados de la expedición franco española, confirmando los planteamientos de Newton, pusieron fin a la polémica científica y permitieron determinar la figura y magnitud de la Tierra.
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Fue ascendido a capitán de navío y enviado al Reino Unido, por encargo directo de don Zenón de Somodevilla (Marqués de la Ensenada), realizando el viaje en noviembre de 1748, con varias misiones secretas y para mejor informarse del método de construcción naval empleado por los británicos, es decir “espiarlos”.

Al regresar a España, corrigió los defectos a su entender de la construcción inglesa, y tanto mejoró el sistema que a su vez fue copiado por los ingleses. Por orden real se le puso al frente de la construcción en los arsenales de El Ferrol y Cartagena, sus diques, las gradas para construir navíos y botarlos al agua sin lesión, el método de construirlos, etc.

En el año de 1754 se le encomendó la compañía de guardiamarinas, mejorando sus estudios; escribió para los alumnos el “Compendio de Navegación”, en la que se relaciona como resumen claro y elegante de cuánto había adelantado la navegación hasta aquella época, siendo esta obra de obligado aprendizaje, manteniéndose durante muchos años como ejemplo de libro de texto, pero además se preocupo de dotar mejor a la escuela, con mejores maestros y los medios más apropiados.

Compendio de navegación, de Jorge Juan de Santacilia
Como erudito en las ciencias, consiguió se le autorizase a construir el Observatorio, para mejorar la aplicación de estas en los estudios de los guardiamarinas y mejorar las mediciones. Más tarde éste observatorio fue trasladado a la Isla de León, hoy San Fernando, en Cádiz.

En el año de 1766, después de una larga alternativa en comisiones y viajes, se le mandó volver a Madrid, para fijar allí su residencia; pero antes de realizar el viaje recibió una nueva orden, se le había nombrado embajador de España ante el Sultán de Maruecos, saliendo el día 15 de febrero de 1767. Llevó al Sultán ricos presentes por real orden, entre ellos a doscientos ochenta y cinco esclavos moros y turcos, lo que facilitó el entendimiento, resolviendo gran cantidad de asuntos complejos, con tanta satisfacción, que justificó la confianza depositada por el Gobierno.


Terminada su misión, regreso a Madrid en el mismo año, continuando con su tarea de científico, y por orden Real se ocupaba de revisar y asesorar, a todas las secretarías del despacho y por el Supremo Consejo de Castilla. El Rey le nombró director del Real Seminario de Nobles, siendo conocido como “El sabio español”. Publicó las siguientes obras: Relación histórica del viaje a la América meridional (1748), Observaciones astronómicas y físicas hechas en los reinos del Perú (1748) y Noticias secretas de América (1826).

Falleció de un ataque epiléptico a los sesenta años de edad, el 21 de junio.

miércoles, 8 de julio de 2015

Los "hidalgos de bragueta"...y el fomento de la natalidad


El nombre resulta al menos curioso, si: “de bragueta” y es que mucho tenía que ver con los que la “aflojaban” muy a menudo, ...por no ser más explícitos.

La nobleza de sangre nunca estuvo de acuerdo con este tipo de privilegios (básicamente, exención de pechos) para los llamados "irónicamente" hidalgos de bragueta, similares a los que gozaban los verdaderos hidalgos; por esto, a los sumamente procreadores les denominaban despectivamente “hidalgos de bragueta”. No hay constancia de sentencia alguna, por las Chancillerías de Valladolid o de Granada, otorgando la hidalguía asociada al privilegio, por lo que aunque se les denomine "hidalgos" no quiere decir que lo fuesen, sino que se asimilaban a ellos en base a ciertos privilegios, como los que éstos gozaban.


El término “hidalgo” no es homogéneo y presenta gran diversidad. En teoría, el hidalgo es por definición una persona noble y distinguida, que ocupa la posición más baja entre la nobleza. Al principio, sobre todo en Aragón, aunque algo también en Castilla y León, se les llamaba “infanzones” o “hidalgos infanzones”, un término que luego fue cayendo en desuso.

Alfonso X El Sabio hace mención de ellos en Las Partidas: es "la nobleza que viene a los hombres por su linaje", sólo pudiéndose transmitir entre varones, por lo que las mujeres quedaban excluidas de tal distinción.

Algunos llegaron a la categoría de hidalgos gracias a la Reconquista y fueron recompensados con una serie de privilegios, entre ellos el de “no pechar”, es decir el de no pagar impuestos a la Corona. Otras de las prebendas que podían alcanzar era la de no poder ser sometido a tormento, ni encarcelado por deudas, así como evitar ser ahorcados en caso de ser castigados con la pena capital, sustituyendo esa condena típica de gente de baja condición por la de decapitación.

Caballeros durante la Reconquista
Sin embargo, a pesar de la aparente situación de privilegio, se podía ser hidalgo y a su vez pobre o casi pobre, con pocos bienes. No todos nadaban en la abundancia. Mientras algunos vivían de sus tierras y rentas, otros tenían que recurrir a alistarse en el ejército y a otros, sin ser verdaderos hidalgos, se les denominaba “hidalgos de bragueta” que consistía en estar en situación de poder demostrar el haber engendrado siete hijos varones seguidos en legítimo matrimonio (eso dio lugar a sospechas de que algunos ocultaban a sus hijas para reconocer únicamente a sus hijos varones), El papel de la mujer en estos casos era muy instrumentalizado ya que eran sometidas a partos continuos, que dado el nivel  sanitario de la época  acababa costándoles  la vida en muchos casos; por eso existían muchos hombres casados en segundas y terceras nupcias. Esta mentalidad se refleja en  el cruel refrán:

"además de pasar mala noche,

parí una hija....."

Con ello la Chancillería le extendía el correspondiente documento, aunque el afortunado que se iba a librar del fisco fuera pobre y totalmente analfabeto. Venía a ser una especie de premio a la natalidad de aquellos tiempos. Y, sobre todo, una manera de disponer de soldados para las continuas batallas que se libraba entonces, lo que explica el elevado número de hidalgos en la España del siglo XVIII (El censo de 1.787 contaba en España con 722.794 hidalgos en una población de 9.307.804, o lo que es lo mismo, un 7,7 % del total).



La condición de hidalgo llevaba aparejados ciertos deberes y privilegios. Era su obligación mantener caballo y armas, así como recibir periódicamente preparación militar, a fin de acudir a la guerra en el momento en el que el Rey le llamase. Como contrapartida, entre otros privilegios, estaba exento de pago de ciertos tributos. El contenido de los deberes y obligaciones de los hidalgos en España fue variando a lo largo de los siglos. Sus pleitos se dirimían ante el alcalde de los hijosdalgo que existía en cada uno de los ayuntamientos españoles donde se diese la división de estados (la mayoría) y en segunda instancia, en las Salas de los Hijosdalgo de las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, la Real Audiencia de Oviedo y otros tribunales. Con el paso del tiempo se fue transforma2ndo su régimen jurídico hasta la completa abolición de sus privilegios con el advenimiento del liberalismo en el primer tercio del siglo XIX. Esto, no obstante, no supuso la abolición de la nobleza.

Me permito reproducir a continuación el texto publicado en el FB Archivo de la Real Chancillería de Granada, por cuanto complementa muy bien lo expuesto anteriormente.

Tradicionalmente y desde el punto de vista doméstico, la familia numerosa era garantía de seguridad y bienestar para el clan y el individuo, por la estrecha relación entre familia y economía. Las medidas de fomento a la natalidad comenzaban con la protección al matrimonio: una pragmática de Felipe IV de 1623, «manda guardar al estado del matrimonio los privilegios en ella contenidos» que además se ampliaron con la exención de todas las cargas concejiles, cobranzas, huéspedes, soldados, y otros, durante los cuatro primeros años del matrimonio; «i assimismo a los que tuvieren seis hijos varones vivos, sea libre por toda su vida de dichas cargas, i oficios concejiles, i aunque falte alguno de los hijos se continúe el privilegio».



Existía un privilegio aún mayor: el de padre de doce hijos, incluyendo varones, mujeres e hijos del primogénito que convivieran con el abuelo. Para ellos se contemplaba la exención adicional del «catastro», un impuesto que gravaba el trabajo personal y la producción agrícola manufacturera.



El privilegio de padre de seis o doce hijos se solicitaba al Consejo de Castilla, que ordenaba su pase al fiscal, el cual pedía información a la Real Audiencia y Chancillería, para que resolviera favorablemente. Eran por tanto las audiencias las que expedían las provisiones hasta 1727 cuando se encargan a los Intendentes: «sea como fuere o bien se libren los tales despachos a favor de los padres … por la Audiencia, por la Intendencia o por el vuestro Consejo, siempre serán muy útil y conveniente establecer su práctica».




Otra modalidad de exención de impuestos en función de la natalidad era la «hidalguía de bragueta» que se conseguía procreando siete hijos varones consecutivos vivos. Su origen está en la necesidad de disponer de soldados para las continuas guerras que mantiene la Corona de España o de librarse de la pesada carga de los tributos, impuestos y pagos. Considerada, por algunos historiadores, como hidalguía de privilegio, la gozaba el padre y toda su familia en vida de éste; pero al fallecer el padre parece que debía decaer..


viernes, 3 de julio de 2015

Francisco José de Goya y Lucientes. El primer pintor “moderno”


Francisco de Goya fue el artista plástico, pintor y grabador, más destacado de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Si bien inauguró el Romanticismo, también se lo reconoce como un auténtico precursor del Impresionismo, especialmente en sus últimas obras.

Francisco de Goya y Lucientes

Francisco de Goya y Lucientes nació, el 30 de marzo de 1746, en Fuendetodos, un pequeño pueblo de de Zaragoza. Sus padres formaban parte de la clase media baja de la época: José de Goya, de antepasados vascos (Ceraín/Guipuacoa), era un modesto dorador de retablos que poseía un taller en propiedad y poco más; de hecho "no hizo testamento porque no tenía de qué" según consta en su óbito parroquial; su abuelo, Pedro, fue notario real. Su madre, Gracia Lucientes pertenecía a una familia de infanzones (hidalgos rurales) venida a menos. La rama de la que descendía Goya procedía de la villa de Uncastillo (Zaragoza), donde ya moraban en la Edad Media. Miguel Lucientes y Navarro, padre de Gracia, madre del pintor, ocupó por un tiempo el cargo de alcalde del lugar y vivió algunos periodos en Zaragoza.

En la capital aragonesa recibió Goya sus primeras enseñanzas y parece que acudió a la Escuela de dibujo de José Ramírez. Con doce años aparece documentado en el taller de José Luzán, quien le introdujo en el estilo decadente de finales del Barroco. En este taller conoció a los hermanos Bayeu, muy importantes para su carrera profesional. Zaragoza era pequeña y Goya deseaba aprender en la Corte; por lo que, en 1763, se trasladó a Madrid, participando en el concurso de las becas para viajar a Italia que otorgaba la Academia de San Fernando, sin obtener ninguna.

En 1771 se encuentra en Parma, presentándose a un concurso en el que obtendrá el segundo premio; la estancia italiana va a ser corta pero muy productiva. A mediados de 1771 está trabajando en Zaragoza, donde recibirá sus primeros encargos dentro de una temática religiosa y un estilo totalmente académico.

El 25 de julio de 1773 Goya contrae matrimonio en Madrid con María Josefa Bayeu, hermana de Francisco y Ramón Bayeu por lo que los lazos se estrechan con su "maestro". Los primeros encargos que recibe en la Corte son gracias a esta relación.

A finales de 1774 se trasladó a Madrid reclamado para realizar cartones (bocetos que después se transformarán en tapices) para la Real Fábrica de Tapices y, al año siguiente entregaba los primeros con temas de caza. Se trata de un período en el que el artista se muestra plegado al gusto oficial y del que es buena muestra el célebre Cristo (Madrid. Museo del Prado) que presentó, el 5 de mayo de 1780 para su recepción como miembro en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La cometa
Carlos IV sucede a su padre en diciembre de 1788; la relación entre Goya y el nuevo soberano será muy estrecha, siendo nombrado Pintor de Cámara en abril de 1789. Este nombramiento supone el triunfo del artista y la mayor parte de la Corte madrileña pasa por su estudio para hacerse retratos, que cobra a precios elevados.

Durante 1792 el pintor cae enfermo y queda sordo para el resto de sus días. Esta dolencia hará mucho más ácido su carácter y su genio se verá reforzado. El estilo suave y adulador dejará paso a una nueva manera de trabajar. Al fallecer su cuñado en 1795 ocupará Goya la vacante de Director de Pintura en la Real Academia de San Fernando, lo que supone un importante reconocimiento. Este mismo año se iniciará la relación con los Duques de Alba, especialmente con Doña Cayetana, cuya belleza y personalidad cautivarán al artista. Cuando ella enviudó, se retiró a Sanlúcar de Barrameda y contó con la compañía de Goya, realizando varios cuadernos de dibujos en los que se ve a la Duquesa en escenas comprometidas. De esta relación surge la hipótesis de que Doña Cayetana fuera la protagonista del cuadro más famoso de Goya: la Maja Desnuda. Pero también intervendrá en la elaboración de los Caprichos, protagonizando algunos de ellos. 

En estos grabados Goya critica la sociedad de su tiempo de una manera ácida y despiadada, manifestando su ideología ilustrada. En 1798 el artista realiza la llamada Capilla Sixtina de Madrid para emular a la romana de Miguel Ángel: los frescos de San Antonio de la Florida, en los que representa al pueblo madrileño asistiendo a un milagro. Este mismo año firma también el excelente retrato de su amigo Jovellanos. El contacto con los reyes va en aumento hasta llegar a pintar La Familia de Carlos IV, en la que el genio de Goya ha sabido captar a la familia real tal y como era, sin adulaciones ni embellecimientos.

Familia de Carlos IV
Los primeros años del siglo XIX transcurren para Goya de manera tranquila, trabajando en los retratos de las más nobles familias españolas. El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de 1808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya que su ideología liberal le acerca a los afrancesados y a José I, mientras que su patriotismo le atrae hacia los que están luchando contra los franceses. Esto se reflejará en su pintura, que se hace más triste, más negra, como muestran El Coloso o la serie de grabados Los Desastres de la Guerra.

Fusilamientod del 3 de mayo de 1908
Al finalizar la contienda pinta sus famosos cuadros sobre el Dos y el Tres de Mayo de 1808. Como Pintor de Cámara que es debe retratar a Fernando VII quien, en último término, evitará que culmine el proceso incoado por la Inquisición contra el pintor por haber firmado láminas y grabados inmorales y por pintar la Maja Desnuda. A pesar de este gesto, la relación entre el monarca y el artista no es muy fluida. La Corte madrileña gusta de retratos detallistas y minuciosos que Goya no proporciona al utilizar una pincelada suelta y empastada. Esto provocará su sustitución como pintor de moda por el valenciano Vicente López. 

La Maja desnuda
Capricho Nº 39 (como su abuelo9)
Goya inicia un periodo de aislamiento y amargura con sucesivas enfermedades que le obligarán a recluirse en la Quinta del Sordo, finca en las afueras de Madrid en la que realizará su obra suprema: las Pinturas Negras (Caprichos), en las que recoge sus miedos, sus fantasmas, su locura. En la Quinta le acompañaría su ama de llaves, Dª. Leocadia Zorrilla Weis, con quien tendrá una hija, Rosario.

Goya está harto del absolutismo que impone Fernando VII en el país, así que en 1824 se traslada a Burdeos (Francia), donde se concentraban todos sus amigos liberales exiliados. Aunque viajó a Madrid en varias ocasiones, sus últimos años los pasó en Burdeos donde realizará su obra final, la Lechera de Burdeos, en la que anticipa el Impresionismo. Allí fallece en la noche del 15 al 16 de abril de 1828.