viernes, 29 de mayo de 2015

Catalina Bustamante. La primera maestra de América


Considerada como una de las primeras educadoras de América, dedicada a la formación y protección de las mujeres y jovencitas indígenas.

Monumento a Catalina Bustamante
Catalina nació en Llerena (Badajoz), en torno a1490. De probable origen hidalgo, pues sabía leer y escribir y tenía una formación humanista, partió el 5 de mayo de 1514 de Sanlúcar de Barrameda junto a su marido Pedro Tinoco, sus hijas y sus cuñadas hacia Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Durante 15 años se pierde su rastro hasta que resurge en México a través de una protesta que la dignifica. Escribe una carta a Carlos I en 1529 “exigiendo justicia por el atropello del que habían sido víctimas dos alumnas indígenas y, por extensión, el colegio de Texcoco que ella dirigía”.

Para entonces Catalina había enviudado y se ocupaba de la educación de las hijas de los capitanes de Hernán Cortés, hidalgos y gentes acomodadas. Catalina sufría cuando veía todas las injusticias sufridas por los indígenas, especialmente por las niñas. Aprovechando su condición de terciaria seglar de la Orden de San Francisco, consiguió, por mediación del franciscano Fray Toribio de Benavente, que la Orden le cediese parte de un antiguo palacio, el de Nezahualcoyitzi, de Texcoco (México) para establecer un colegio para niñas indígenas, el primero. Catalina educaba a las niñas en la fe cristiana -condición impuesta por los franciscanos-, les enseñaba a leer y escribir, cantaban oraciones, aprendían cuestiones domésticas y, las mayores, se iniciaban en algún oficio. Catalina defendía su dignidad y denunciaba los abusos sufridos.

Catalina fue inculcando en las adolescentes indígenas el derecho a formar una familia monógama e indisoluble, lejos del arbitrio paterno donde, hasta ese momento, las hijas eran mercancía para sellar alianzas con caciques o capitanes españoles. Animó a estas jóvenes a formarse una nueva conciencia regida por el derecho a elegir esposo y a vivir en sintonía con la moral cristiana.

Una noche de 1529 un grupo de indios asaltó el colegio para raptar a Inesica, hija de un cacique, y su criada, por orden de un alcalde español encaprichado con la joven. La directora del colegio denunció al secuestro ante el obispo, que exigió la devolución de Inesica y su criada. “No conforme con eso, Catalina Bustamante denunció al alcalde por el atropello a la honra de las doncellas y el allanamiento del colegio para que sirviera de escarmiento ante los desmanes de otros altos cargos del virreinato”. No prosperó la vía judicial porque el presidente de la Audiencia de México era el hermano del regidor que había ordenado el secuestro. Fue entonces cuando Bustamente, por mediación de Fray Juan de  Zumárraga, que llegaría a ser más tarde obispo, escribió a Carlos I, enredado por entonces en los detalles de su coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La misiva acabaría en manos de su esposa, Isabel de Portugal, que se indignó ante la ofensa y ordenó reclutar “mujeres letradas de conducta ejemplar” para instruir a las niñas de Nueva España. A las elegidas les pagó el pasaje, la manutención y un ajuar.

Catalina Bustamente regresó una vez a España, con 45 años, para denunciar ante la Corona la falta de apoyos a su labor pedagógica. La emperatriz Isabel de Portugal volvió a respaldarla con fondos y con el reclutamiento de varias beatas, y más tarde seglares, que actuarían como maestras.

Con las nuevas maestras se pudieron establecer más colegios, como los de Otumba, Cuautitlán, Tepeapulco, Coyoacán, Xochimilco y Tlamanalco. Si se considera que el sistema contaba en 1536 con entre ocho y diez colegios en la capital, que cada uno tenía alrededor de 300 a 400 niñas indígenas y que la escolaridad en ese momento era de máximo cuatro años, podemos entrever la amplitud de esta maravillosa obra. La instrucción de niñas indígenas se expandió –también a las hijas de familias pobres- por México hasta que la peste de 1545 la truncó abruptamente. Entre los 800.000 fallecidos se incluyeron las alumnas y sus maestras, incluida Catalina Bustamante. Un monumento en Texcoco la honra como la “primera educadora de América”.

martes, 26 de mayo de 2015

La moda en el vestir del siglo XVI


La moda en el vestir de la nobleza y el estamento militar, algo contenida a fines del XV, a fuerza de leyes suntuarias dictadas por los Reyes Católicos, tornó a prevalecer en el XVI, aunque, respondiendo a otros gustos con el cambio de época y el comienzo del reinado de los Austrias (influencia borgoñona o francesa, sobre todo en el Reino de Castilla por las relaciones con Flandes).

A comienzos del siglo XVI la moda era muy colorida y variada. La convivencia en España de los diferentes estilos de vestir acaecidos en los territorios del imperio de Carlos V, dio lugar en la península a una moda heterogénea en cuanto a diseños y colores. Sin embargo, conforme estos diferentes modos de ataviarse se fueron entremezclando y asimilándose en uno solo, fue surgiendo la moda española propiamente dicha, genuina y original de la corte de Felipe II, que se caracterizó además de por la escasa variedad en sus formas, por su rigor, contención e impronta decorosa, de acuerdo a la moral Contrarreformista.


Nº 1 y 3. Damas de la corte  Nº 2.  Prócer  Nº 4. Oficial del ejército en campaña


Nº 5. Jefe militar  Nº 6 Hidalgo  Nº 7. Dama de la corte.  Nº 8. Ricohome
El traje negro español -el que viste el hidalgo- como signo de distinción. Felipe II, interesado por hacer prevalecer el espíritu sobrio y humilde de la Contrarreforma a través de su imagen, lo popularizó convirtiéndolo en el color más característico del atuendo español durante su reinado. El negro fue recomendado como símbolo de seriedad y rigor tanto por los seguidores de la Reforma como de la Contrarreforma-


Nº 9. Emperador  Nº 10. Dama noble  Nº 11. Caballero  Nº 12. Sargento de infantería


Nº 13. Arcabuzero  Nº 14. Alabardero suizo  Nº 15. Lansquenete  Nº 16. Escopetero
En el siglo XVII se producen algunos cambios

Nº 5 y 6. Hidalgos  Nº 7. Infanta doña Mariana Nº 8. Infante don Carlos

viernes, 22 de mayo de 2015

Felipe Díaz de Ortega, un burgalés intendente en México


Los Díaz de Ortega, una noble e importante familia burgalesa, originaria de la villa de Sotopalacios, fueron personajes muy destacados en el territorio de la Merindad de Río Ubierna, así como en la ciudad de Burgos. A finales del siglo XVIII y principio del XIX, jugarían un papel clave en el Virreinato de Nueva España, ya ocupando el gobierno de sus intendencias, desempeñándose como importantes jefes del ejército realista durante los primeros años de la Guerra de Independencia Mexicana, o bien como destacados miembros de la Iglesia.

La categoría de su linaje permitió que varios de sus miembros ingresaran en las principales corporaciones nobiliarias, como las órdenes militares de Calatrava y Santiago o la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, cuando esta última aún exigía pruebas de nobleza. Sus miembros emparentaron siempre con destacadas familias, destacando en especial su vinculación con los Bustillo de Sedano (Burgos).


Escudo del linaje Díaz de Ortega

Felipe Díaz de Ortega y Bustillo, hijo de Gregorio Díaz de Ortega y de Juana de Bustillo Merino nació en la villa de Sedano, capital del histórico Valle, Villa y Honor de Sedano, donde residía su familia materna, el día 22 de agosto de 1741. Con toda seguridad, Felipe debió nacer en el palacio de los Arce-Bustillo, la residencia del mayorazgo de los Bustillo, y uno de los más bellos ejemplos de palacio rural de la provincia de Burgos.

Palacio de los Arce-Bustillo ( Sedano, Burgos)

Felipe Díaz de Ortega contrajo matrimonio en dos ocasiones. Su primer enlace matrimonial fue con María Tomasa López de Séneca en 1764, que fallecería en febrero de 1781. Tras enviudar, Felipe contrajo nuevas nupcias con Elena de Pieres y Miners, natural, probablemente,  de Nueva Orleans, hija de José María de Pieres y de Genoveva Miners.

El 22 de mayo de 1770, Felipe fue admitido como noble hijodalgo en la Villa de Sotopalacios, como lo habían sido todos sus antepasados. Ese mismo año, Felipe pidió la entrada y fue admitido en la Ilustre y Noble Congregación de Caballeros Hijosdalgos de Nuestra Señora de Montesclaro, siendo elegido en mayo de 1771 procurador síndico general de la misma. En diciembre de 1773 fue elegido procurador de Sotopalacios por el estado de hijosdalgos. Tres años más tarde fue nombrado Alcalde por el estado de hijosdalgos y en abril de 1780 sería elegido por el estado de caballeros hijosdalgos como Alcalde de la Santa Hermandad de los Pueblos que componían la Merindad de Río Ubierna


Torre-Palacio de los Díaz de Ortega (Sotopalacios, Burgos)

Paralelamente a ir adquiriendo protagonismo en Sotopalacios y la Merindad de Río Ubierna, Felipe Díaz de Ortega también fue ocupando relevantes cargos en la ciudad de Burgos. Así, desde 1768 hasta 1783 fue mayordomo (administrador) de la obra pía de ochenta mil ducados fundada por Pedro Fernández Cerezo de Torquemada y su mujer Teresa Melgosa en el Real Monasterio de San Juan de la ciudad Burgos, trabajo por el que se le remuneraba con un salario de 150 ducados al año. Además, en agosto de 1770, es nombrado Teniente de Alcaide del Castillo y Fortaleza de la ciudad de Burgos por el XII Duque de Medinaceli, quien era Alcaide Perpetuo de la misma. A los cargos anteriormente señalados, Felipe añadiría, poco tiempo después, el de Regidor perpetuo del Ayuntamiento de Burgos y el de Teniente Coronel del Regimiento Provincial de Burgos.

Como recompensa a la exitosa carrera desarrollada hasta ese momento, en 1781 fue nombrado por decreto Caballero Pensionado de la Real Orden de Carlos III. A raíz de su nombramiento como Diputado y Comisario de Millones en el Consejo de Hacienda, Felipe hubo de fijar su residencia en la ciudad de Madrid.

El 21 de mayo de 1785, el Rey Carlos III le nombra gobernador intendente del Reino de la Nueva Vizcaya, por lo que Felipe embarcaría a Nueva España en el navío de guerra San Felipe, y fue el primer titular de la intendencia de Durango o de Nueva Vizcaya, que comprendía los actuales estados mexicanos de Durango y Chihuahua. Hasta ese momento, Nueva Vizcaya había estado bajo el mando de un gobernador, figura que primaba lo asuntos militares frente al desarrollo de la economía.

El 16 de enero de 1788, poco más de un año después de ocupar su puesto, Díaz de Ortega envía un detallado informe al Virrey don Manuel Antonio Flores sobre los múltiples problemas que aquejaban la Provincia, que refleja perfectamente esta difícil situación, y para cada uno de ellos propone una solución. Es muy probable que el principal logro de Díaz de Ortega en Nueva Vizcaya fuera la recaudación de elevadas cantidades para la corona, puesto que recaudó alrededor de 5.800.000 pesos entre 1785 y 1791, cantidad que sólo estaba por debajo de los montos de las intendencias de Veracruz y México.

A los problemas señalados por Díaz de Ortega en su informe, habría que añadir las incursiones de los indios apaches en la provincia, las cuales causaban graves daños al comercio y producían la despoblación de los partidos de su jurisdicción a raíz de las muertes causadas, las cuantiosas pérdidas de ganado y el miedo generado entre la población.

Tras poco más de cinco años desempeñando el cargo de gobernador intendente de Nueva Vizcaya, el 13 de mayo de 1791 Felipe Díaz de Ortega fue nombrado intendente de Valladolid de Michoacán, ciudad en la que fallecería en marzo de 1809, siendo enterrado en la Capilla de la Tercera Orden de Penitencia, hoy desaparecida.

Dos de sus hijos serían también importantes personajes en aquel virreinato, uno como militar y el otro como miembro de la jerarquía eclesiástica. Así, su hijo Ramón Díaz de Ortega y López de Séneca, sería una de los principales jefes del ejército realista en los primeros escarceos de la Guerra de Independencia de México, participando en las victorias más importantes logradas por las tropas españolas en aquellos años (Batalla de Aculco, Ataque y toma de la Ciudad de Guanajato, Batalla de Puente Calderón, etc.). Por su parte, otro de sus hijos, José, sería una de las figuras más destacadas de la Iglesia Michoacana, además de miembro de la primera Junta Provincial de Valladolid de Michoacán, constituida tras la proclamación de la independencia de México.

Hoy en día no se conocen descendientes de los Díaz de Ortega por línea agnada, quedando únicamente por líneas no agnadas, como son los Quintano de Salas de Bureba o los Huidobro y los Gallo radicados en Sedano.

Nota: Este post está basado en el trabajo publicado por David Huidobro Sanz en la revista Hidalguía Nº 361 “Los Díaz de Ortega. Un linaje burgalés de hidalgos y caballeros”, págs. 755-801. 

martes, 19 de mayo de 2015

Maestranza de Caballería de San Fernando. Nuevas Damas y Caballeros

La Maestranza de Caballería de San Fernando celebrará el próximo 28 de mayo la XVIª reunión Capitular anual, con la investidura y juramento de nuevas Damas y Caballeros.

Emblema de la Maestranza de San Fernando, dibujado por Manuel Pardo de Vera




El evento tendrá lugar en la Santa Iglesia Parroquial de San José, c/ Alcalá, 41 de Madrid, a las 12:30, celebrándose una Santa Misa y solemne funeral por el alma, eterno descanso y memoria de los Caballeros Laureados, Miembros de las Unidades Laureadas de las Fuerzas Armadas pertenecientes a la heróica Real y Militar Orden de San Fernando, así como por las Damas y Caballeros fallecidos.

A continuación y sobre las 14:00 horas tendrá lugar la ceremonia de entrega de distinciones y la copa-bufet.



David Huidobro, Caballero Maestrante en 2014

La Real y Militar Orden de San Fernando fue creada por la Junta Suprema Central en plena guerra de la Independencia el 31 de agosto de 1811. Posteriormente, el nuevo rey Fernando VII  refrendó el Decreto el 28 de noviembre de 1814. La Maestranza de Caballería de San Fernando, fue fundada el 24 de abril de 1999 en la Sala de Laureados de la Real y Militar Orden de San Fernando del Museo del Ejército, con el fin de agrupar a los descendientes de los caballeros de dicha orden.

viernes, 15 de mayo de 2015

Manuel Godoy. Príncipe de la Paz


Nacido en el seno de una familia noble  (Hidalga) aunque sin mucha fortuna, a los diecisiete años acompañó a su hermano a Madrid, y ambos ingresaron en la Guardia de Corps. Allí inició una fulgurante carrera gracias, en parte, al apoyo de la entonces princesa de Asturias. Fue amante de la esposa del futuro rey Carlos IV, pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes de político.

Manuel Godoy y Alvarez de Faria nació en Badajoz en 1767 y falleció en París en 1851. Sus padres fueron Don José Godoy y Sánchez de los Rios, Regidor perpetuo de Badajoz, Alcalde de la Santa Hermandad por el Estamento Nobiliario, Alcalde de los Hijosdalgos, Gobernador del Consejo de Hacienda, Caballero de Carlos III, y Doña Antonia Justa Álvarez Serrano de la Faria y Sánchez Sarzosa, Dama de la Reina.

En diciembre de 1788 murió Carlos III. Tres meses antes había ocurrido algo inesperado. Los príncipes de Asturias viajaban de Segovia a La Granja y en el camino, a uno de sus guardias el caballo le hizo una cabriola y cayó. La princesa Maria Luisa de Parma, que lo había visto desde la ventanilla de su carroza, descendió alarmada para interesarse por la salud del jinete. Le vio entonces levantarse intacto, con una amplia sonrisa y radiando galantería. El accidentado se llamaba Manuel Godoy, un hidalgo extremeño de unos veinte años que servía en la Guardia de Corps.

La afición de la reina por los guardias jóvenes y apuestos era la comidilla de la Corte. El flechazo con Godoy fue inmediato y pronto fue promovido dentro de la Guardia; en apenas un año ya era Caballero de la Orden de Santiago y titular de una encomienda que le reportaba jugosas rentas. Recibió el título de duque de Alcudia y de Sueca. Se le conoce como el amante de la esposa del rey Carlos IV, hasta el punto de atribuir a Godoy la paternidad de los infantes Francisco Paula e Isabel, futura reina de Nápoles, pero no fue ésa la única razón de su ascenso; también supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes como político.

A los honores le siguieron enormes riquezas. De ganar 210 reales mensuales como guardia  en 1788, pasó, cinco años después, a percibir 800.000 reales y a tener un enorme patrimonio: palacios, fincas y obras de arte, que le fueron incautadas cuando su estrella se apagó, en 1808. Fue conocido como El Favorito o El Valido

A los 24 fue nombrado Mariscal de Campo, Gentilhombre de Cámara y Teniente General. A los 25 es nombrado Primer Ministro y agraciado el Toisón de Oro. A los 26, Capitan general de los Ejércitos, otro ducado, un marquesado y un señorío. Una vez en el poder, su primera intervención consistió en intentar salvar al rey Luis XVI de la guillotina. Finalmente, la ejecución del monarca francés llevó a España a declarar la guerra a Francia. Dos años después, el curso desfavorable del conflicto obligó a Godoy a negociar y a firmar el tratado de Basilea (22 de julio de 1795), lo que le valió el apelativo de “Príncipe de la Paz” y la Grandeza de España. Más tarde Francia y España firmaron el tratado de San Ildefonso en contra de Gran Bretaña. La alianza con Francia nos llevó al desastre naval del cabo de San Vicente y a los asedios de Cádiz, Puerto Rico y Tenerife, donde Nelson perdió el brazo, tomándose cumplida venganza ocho años después en la batalla de Trafalgar, que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805.

En 1798 se vio obligado a abandonar su cargo, debido a las presiones del Directorio francés, que dudaba de su lealtad; fue sustituido por Saavedra y más tarde por Urquijo, pero siguió contando con la confianza de Carlos IV. Prueba de ello es que apenas dos años después, tras una actuación desafortunada de Urquijo, volvió a empuñar las riendas del gobierno. Fue por aquel entonces cuando, ayudado por los franceses, logró ganar la “Guerra de las Naranjas” contra Portugal.

Poco después Francia firmó la "Paz de Amiens" con el Reino Unido (marzo de 1802), por el que España obtuvo de Gran Bretaña la isla de Menorca a cambio de Trinidad, pero la calma duró sólo un año: España, junto a Francia, declaró de nuevo la guerra al Reino Unido. La política de Godoy empezó a provocar animadversiones, y se fraguó una conspiración contra él dirigida por el príncipe de Asturias (el futuro rey Fernando VII), que culminó con la invasión del palacio de Aranjuez la noche del 19 de marzo de 1808, el llamado “Motín de Aranjuez”. Manuel Godoy fue hecho prisionero y sus palacios y posesiones fueron objeto de rapiña, si bien, liberado poco después por orden de Napoleón, se dirigió hacia Bayona, donde se reunió con el príncipe Fernando y los reyes. Estos últimos abdicaron dejando el trono de España en manos de Napoleón, y dando comienzo la Guerra de la Independencia.

Su escudo: jaquelado de quince, ocho de oro y siete de azur
Escudo de Godoy, Morillo, Ovando, Mogollón y Blázquez en calle Santa Lucía, 18 (Badajoz), la casa donde nació.
Su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga (prima de Carlos IV), condesa de Chinchón, con quien casó en 1797, lo abandonó cansada ya de su constante infidelidad con Pepita Tudó Catalán Aleman y Luesia, nacida en Cádiz en 1779, para la que Godoy había solicitado los títulos de condesa de Castillofiel y vizcondesa de Rocafuerte con el fin de que pudieran ser transmitidos a los dos hijos bastardos que había tenido con ella. Cuando, en 1828, se quedó viudo, pudo por fin casarse, en Roma, con su amante de siempre.
Armas grandes de Manuel Godoy
Fernando VII, ya rey de España, persiguió a Godoy constantemente. Le obligó a renunciar a los títulos de Príncipe de la Paz y príncipe de Bassano, éste concedido por el Papa, e invalidó el testamento que la reina hizo en su favor para compensar enormes pérdidas que le llevarían a la miseria, las que supuso un destierro que fue acompañado de la confiscación de todos sus bienes sin formación de causa alguna.

Instalado en París en 1832, Luis Felipe de Orleans le concedió una modesta pensión, con la que pudo dedicarse a escribir sus Memorias, traducidas al francés por el coronel Esménard y publicadas en París entre 1836 y 1838 y luego en Madrid en versión española. Éstas con un documento indispensable para conocer las acciones de gobierno y los principios que las impulsaron.

Dos decretos de 1844 y 1847 de Isabel II devolvieron sobre el papel a Godoy todos sus bienes. Le fueron reintegrados los honores, cargos militares y títulos, salvo los de "Príncipe de la Paz", "Generalísimo" y "Gran Almirante”.

martes, 12 de mayo de 2015

Tratado de la Nobleza. Reino de Aragón vs Castilla


Tradicionalmente, el Orden Nobiliario ha sido dividido en Nobleza Titulada y Nobleza, comprendiendo en la primera clase a duques, marqueses, condes, etc, con o sin Grandeza, y, en la segunda, a muy diversos grupos nobiliarios, propios de distintos reinos, tales como los infanzones, generosos, hombres de paraje, caballeros, ciudadanos de inmemorial, algunos ciudadanos honrados, etc. en el reino de Aragón, o hidalgos. en sus distintas categorías. en el de Castilla.

Portada del libro
En el libro: "Tratado de la nobleza de la Corona de Aragon, especialmente del Reyno de Valencia, comparada con la de Castilla, para ilustración de la Real Cedula del Señor Don Luis I de 14 de agosto de 1724", de Mariano Madramany y Calatayud, publicado en En Valencia por Josef y Tomas de Orga, en 1788, que puede visualizarse o descargarse del siguiente link: https://archive.org/details/tratadodelanoble00madruoft se habla ampliamente de este tema, describiendo las distintas categorías y sus privilegios. Idea general de casi toda la Nobleza de España, de su origen, naturaleza y especies.

También, puede adquirirse el original, o una edición facsímil del mismo en diversas librerías especializadas, a un precio de entre 25 y 500 euros, según versión y estado de conservación.

viernes, 8 de mayo de 2015

Sancho Dávila y Daza. El “Rayo de la Guerra”


Sancho Dávila, es una de las figuras militares más sobresalientes de la Monarquía Hispánica en el siglo XVI. Abulense, hidalgo, militar y clérigo, empezó como un simple soldado y llegó a dirigir importantes batallas en Europa. Participó en la batalla de Mülhberg donde cruzó de noche el río, con el cuchillo entre los dientes, y acabó muriendo por la coz de un caballo en Portugal, habiendo desafiado a la muerte en el campo de batalla en decenas de ocasiones.

Era hijo de don Antonio Blazquez Dávila y doña Ana Daza. Nació en Ávila en septiembre de 1523 y falleció en Lisboa en 1583. Casó en Flandes, en 1569, con doña Catalina Gallo, que solo vivió un año y de la que tuvo un hijo llamado Fernando. Se le considera entre los grandes capitanes de su tiempo. A su muerte, su cadáver fue depositado en el convento de San Francisco de Lisboa, que su hijo hizo trasladar a la capilla mayor de la iglesia de San Juan Bautista, en la ciudad de Ávila.


Sancho Dávila en un grabado de Carnicero publicado
en Retratos de los españoles ilustres (Madrid, 1791).
Antón Vázquez Dávila, hijodalgo notoriosegún costumbre y fuero de España, abulense y comunero que participó en el asedio del a fortaleza de Fuenterrabía, y perteneciente al linaje de Blasco Jimeno (identificado por seis roeles de azur puestos en palo en campo de oro), contrajo matrimonio con Ana Daza, hija de un hijodalgo notorio de buen casta. Fruto de este matrimonio tuvieron tres hijos, Beatriz, Tomás y Sancho. Este último, nuestro protagonista, se quedaría huérfano al cumplir los quince años y emprendería carrera eclesiástica estudiando latín, gramática y humanidades, filosofía, cánones y teología hasta recibir las órdenes menores. Con veinte años, marchó a Roma, donde emprendería otra carrera menos espiritual y más mundana: la de las armas, al igual que hiciera Cesar Borgia.

Ordenado de menores, estudió en Roma pero abandonó la carrera eclesiástica para dedicarse a la militar, sentando plaza de soldado en el Tercio de Alvaro de Sande (1543). Su primer hecho de armas destacado fue cruzar el rio Elba con 9 soldados españoles, sujetas las espadas con la boca, para ganar las barcas necesarias para construir el puente con el que pasó el ejército, favoreciendo así la derrota de los protestantes y la prisión del duque Mauricio de Sajonia en la batalla de Mühlberg (1547). Regresó con su tercio a Sicilia y se halló en la conquista de África (1550), y también en la desastrosa expedición contra la isla de los Gelves (Djerba), al sur del Golfo de Túnez (1560-61), donde cayó en cautividad, aunque fue liberado el año siguiente. Volvió á España para visitar, por orden del Rey, los presidios de Valencia y erigir el Castillo de Berni. De allí pasó a ser castellano de Pavía, de donde le sacó Fernando Älvares de Toledo, III Duque de Alba, para servir en los Países Bajos. Para ello reclutó en Milán una compañía de caballos que sirvió de guarda de la persona del Duque, en el ejercicio de cuyas funciones prendió al Conde de Egmont en 1568, que le rindió su espada.

Escudo de los Davila. (Ávila. Iglesia de San Juan Bautista)
El 28 de enero de 1569 tomó posesión del cargo de castellano de la ciudadela de Amberes. En una de sus primeras comunicaciones confesaba: «Los soldados que serían necesarios para la guardia ordinaria de la ciudadela de Amberes, según su grandeza, baluartes, cortinas, surtidas y puertas, serian ochocientos por lo menos, y aquí solo hay el número de trescientos cuarenta». Defendían la ciudadela 57 piezas de artillería de toda suerte y calibres, todas de bronce salvo una culebrina de hierro.

Al estallar la sublevación de los Países Bajos venció al conde de Hoogstraten a orillas del Mosa, pero sufrió una derrota y fue herido cerca de Quesnoy. Persiguió a los rebeldes hasta Dahlen, les deshizo del todo, tomó prisionero á Villiers y, en la batalla de Gemmingen fue el primero que se enfrentó al duque Ludovico, señalándose también en evitar que el enemigo llegase a abrir las esclusas para inundar la campiña. En su marcha á Frisia tuvo ocasión de volver a mostrar su arrojo personal al lanzarse con otros en el rio de Groninga, «que vadearon asidos a las colas de los caballos con el agua a los pechos». Derrotó a los rebeldes y les ganó casi toda su artillería y una bandera. Tras obligar al enemigo a levantarse sobre Tirlemont, degolló al sur de la ciudad, a casi 3.000 hombres del grueso del ejército del Príncipe de Orange, obligándole a buscar refugio en Francia.

Durante la segunda sublevación (1572), habiendo sitiado los rebeldes a Middelburg, capital de Zelanda, acudió Dávila en su socorro, obligándoles a levantar el cerco. Persiguió al enemigo, que se retiraba a Ramua [Arnemuiden], «ganó esta plaza, y en su puerto mas de 400 bajeles, de los cuales armó diez y se abrió con ellos paso entre treinta de los contrarios, quemándoles su capitana». Fue entonces cuando sus enemigos empezaron a llamarle con el apelativo con el que pasó a la historia: “el Rayo de la Guerra”.

En noviembre de 1573 Felipe II aceptó la renuncia del Duque de Alba como gobernador de los Países Bajos, sustituyéndole el Comendador Mayor de Castilla, Luis de Requesens. Ordenó éste que Sancho Dávila se pusiera al frente del ejército que debía enfrentarse a los rebeldes “por ser muy conveniente para aquella empresa y para cualquiera otra de tanta importancia como ella, pues es soldado de mucha experiencia y ejecutivo en las ocasiones”. El capítulo final del enfrentamiento lo protagonizó el propio Dávila al frente de 600 de sus mejores soldados. Tras orar brevemente, rodilla en tierra, acometieron a los rebeldes y les ocasionaron la pérdida de 1.200 hombres, entrando triunfante en Maastricht, que le recibió con las mayores muestras de júbilo. Al año siguiente venció en la batalla de Mook a Luis de Nassau.

Tras el «Edicto Perpetuo» (5 de enero de1577), que implicaba la aceptación de los términos de la «Pacificación de Gante», Dávila volvió a España, siendo muy obsequiado por el rey. Pero viéndose D. Juan de Austria en la precisión de refugiarse en Namur, acudió allí de nuevo, respondiendo al llamamiento del hermanastro de Felipe II. Tras la muerte de D. Juan, el rey le confió el mando y la vigilancia de las costas granadinas como Capitán general de la Costa de Granada, ante el peligro de ataques de los piratas berberiscos. Cuando Felipe II heredó la corona portuguesa, Dávila volvió a servir a las órdenes del duque de Alba como maestre de campo general de las tropas que debían enfrentarse a la rebelión del Prior de Crato, opuesto a la sucesión del monarca español pese a su bastardía. El 25 de agosto de1580 era derrotado decisivamente en la batalla de Alcántara, cerca de Lisboa. Dávila recibió del duque de Alba el encargo de perseguir a los fugitivos, llevando a cabo su misión con tal éxito que el 24 de octubre se apoderaba de Oporto, completando la sumisión del reino. Seguía desempeñando el cargo de maestre de campo general, que simultaneaba con la capitanía general de Granada, cuando hallándose en Lisboa, una herida mal curada, producida en una pierna por la coz de un caballo, fue la causa de su muerte, acaecida el 8 de junio de 1583.

martes, 5 de mayo de 2015

Vicente de Cadenas y Vicent (1915-2005), impulsor de los estudios de genealogía y heráldica en España

Con motivo de los cien años del nacimiento de Vicente de Cadenas y Vicent la Biblioteca Nacional de España (BNE) quiere rendirle un homenaje con la organización de esta muestra bibliográfica. En ella se expone una selección de sus obras junto con algunos de los principales repertorios sobre genealogía y heráldica.


Estas disciplinas, hasta entonces muy poco desarrolladas en España, le deben a Cadenas y Vicent el impulso y el reconocimiento como ciencias auxiliares de la historia a partir de los años 50. Fundó la revista Hidalguía, vigente hasta nuestros días y referencia obligada desde entonces para los estudiosos en esta materia. Así mismo creó distintos organismos como el Instituto internacional de genealogía y heráldica o la Escuela de genealogía, heráldica y nobiliaria, entre otros.


Fue miembro de las principales asociaciones internacionales de genealogía y heráldica y recibió numerosos premios por sus obras, todas ellas reconocidas como modelo de una exhaustiva investigación.


Esta muestra permanecerá abierta al público desde el 4 de mayo hasta el próximo 28 de junio, y su entrada es libre y gratuita, previa presentación de un documento de identidad o del carné de la biblioteca.

viernes, 1 de mayo de 2015

Los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde. Héroes del 2 de Mayo


Militares, beneméritos de la Patria, héroes del levantamiento del 2 de mayo de 1808 contra la invasión francesa. Si bien algunos mandos militares españoles colaboraron con los franceses, Daoíz y Velarde representaron la esperanza del Pueblo frente a la invasión.

Luis Daoíz y Pedro Velarde, oficiales de artillería del cuartel de Monteleón que se sumaron al levantamiento del 2 de mayo de 1808 contra las tropas francesas, fueron de los pocos mandos militares que supieron dar respuesta a las ansias de lucha e independencia del pueblo de Madrid ante la invasión Napoleónica. 


Luis(Gonzaga María del Rosario Escolástico Manuel Joseph Joaquín Ana-Juan de la Soledad) Daoíz de Torres, de Miravel y Ponce de León nació en Sevilla, el 10 de febrero de1767.
 
El capitán Luis Daoíz
Su padre, Martín Vicente Daoíz de Miravel Quesada Iriarte, pertenecía a una antigua familia hidalga de Navarra (de la villa de Aoiz) muy vinculada a la milicia desde tiempos de la Reconquista. A dicho linaje pertenecieron caballeros como Berenguer D'Aoiz, que se estableció en Navarra, y García Garcés D'Aoiz, que intervino en la batalla de Las Navas de Tolosa. A mediados del siglo XVII el abuelo de Martin Daoiz, Joaquín D'Aoiz, natural de Pamplona, se trasladó junto a su familia a Gibraltar para desempeñar el cargo de alguacil mayor y regidor perpetuo, y el apellido de sus sucesores pasa a ser Daoíz. Después de la caída en poder de los ingleses la familia se vio obligada a trasladarse a El Puerto de Santa María. La madre de Luis Daoiz fue doña Francisca de Torres y Ponce de León Briones y Escovedo, hija de los condes de Miraflores de los Ángeles, una rama secundaria de la casa de Arcos

Linaje Daoíz (Escudo cuartelado en cruz)
Tras aportar las pruebas de nobleza que eran necesarias para su ingreso en el Cuerpo de Artillería, fue admitido con la 18 promoción como cadete desde el 13 de febrero de 1782 hasta cinco años más tarde, en que obtiene el grado de subteniente, pasando a combatir en el norte de África (Ceuta, 1790; Orán, 1791) y en la guerra contra la Convención (Rosellón, 1793-94). Estuvo prisionero en Francia en 1794-96 y se le liberó tras la paz de Basilea; posteriormente sirvió como artillero de la Armada, participando en la defensa de Cádiz y en dos viajes a América, obteniendo el grado de capitán el 4 de marzo de 1800. Hablaba cinco idiomas y tenía unos conocimientos de matemáticas que le habían permitido publicar un tratado sobre artillería naval. 

Destinado desde comienzos de 1808 en el Parque de Artillería de Madrid, al producirse la invasión francesa de la Península y saberse que Napoleón se había llevado a la familia real a Bayona, fue uno de los militares que salieron a las calles de Madrid para encabezar la insurrección popular contra las tropas francesas en el levantamiento del 2 de mayo de 1808, con el que dio comienzo la Guerra de la Independencia. 

El feneral Murat, que se encontraba irritado por la hostilidad manifiesta con que había sido recibido en Madrid, ordenó disparar contra el pueblo. La represión produjo efecto contrario al esperado y poco después se repitieron los enfrentamientos en los barrios de Madrid. A la población civil, se unieron algunos soldados españoles de infantería y artillería; la milicia española, siguiendo órdenes del capitán general Francisco Javier Negrete, permaneció en general acuartelada y pasiva. Sólo los artilleros del parque de Artillería sito en el Palacio de Monteleón desobedecieron las órdenes y se unieron a la insurrección popular.

Junto con Pedro Velarde (el otro protagonista de la «confabulación de los artilleros»), representa un dúo mítico en la memoria histórica española, como encarnación del espíritu de independencia nacional, dignidad y valor patriótico que se atribuye a aquel movimiento. Murió de las heridas recibidas en aquella jornada luchando contra un general francés en la Calle Ancha de San Bernardo. 

Alcazar de Segovia, sede del Real Colegio de Artillería
Pedro Velarde y Santillán (o Santillán) nació en Murieras (Cantabria) el 25 de  octubre de 1779 en la casona-palacio de los Velarde. Su padre: José Antonio Velarde y Herrera, titulado Marqués de Villapuente, que nació en Boo de Piélagos hacia 1760 y fue señor de las casas y patronatos de su padre, casó en la casa-torre de Puente Arce con Luisa de Santiyán y Sáinz, natural de Puente Arce. Tras la resistencia de su hijo a los invasores franceses, éstos arrasaron sistemáticamente todas sus propiedades y las de su familia inmediata y lo arruinaron. Pidió a las Cortes una pensión por los quebrantos causados a su hacienda, pero sólo le concedieron una condecoración.

El capitán Pedro Velarde por Eugenio Oliva, Museo del Ejército (Madrid)
Pedro, tras aportar las pruebas de nobleza, como hidalgoque era,  en 1793 ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia con la 30 promoción, del que salió en 1799 con el grado de subteniente por sus brillantes resultados y en 1801 tomó parte en la campaña contra Portugal. En 1802 alcanzó el grado de teniente. 
 


En el Museo Etnográfico de Cantabria se encuentra la colección perteneciente al capitán Pedro Velarde ,que se expone en uno de los espacios, con piezas singulares como “La probanza de Hidalguía sellada en Flandes en 1652 (mostrada a la izquierda), y el sillón frailero blasonado con los escudos de armas de los Velarde y Ceballos del S. XVII.


 
En 1804 era ya un capitán del arma de Artillería destinado en el Estado Mayor de Madrid y experto en materias técnicas, de las que sería profesor y experto en proyectiles en el Colegio de Segovia (1804-06). Posteriormente, pasó a formar parte de la Junta Superior Económica del Arma de Artillería. Había sido un admirador de la obra de Napoleón Bonaparte; pero cuando éste intentó ocupar España aprovechando las disensiones internas de la familia real (1808), Velarde empezó a conspirar para frustrar sus intenciones. Murat intentó conseguir su colaboración ofreciéndole pasarse al ejército francés, pero fracasó en su intento. Por encargo de Godoy, Velarde abía tratado, en varias ocasiones, con el general Murat quien, conocedor de la admiración del joven por Napoleón, le había ofrecido pasar al servicio de Francia, pero Velarde dijo que no aceptaría hasta que la oferta fuera aprobada por sus superiores.

El 2 de Mayo de 1808, a raíz de la partida de los tres últimos representantes de la Familia Real, el pueblo de Madrid se levanta en armas contra el invasor, dando lugar a luchas en el interior de la ciudad y que culminan con la defensa del Parque de Artillería de Monteleón. Velarde, en colaboración con el capitán Luis Daoíz, elaboró un plan militar de defensa de la villa que presentó al general español Gonzalo O'Farril (a la sazón Ministro de la Guerra), que posteriormente sería ministro de José Bonaparte y al que acompañaría en su vuelta a Francia, plan que en lugar de alcanzar los deseos del autor se volvió en contra de los militares españoles puesto que puso en guardia a las fuerzas francesas.

Velarde entonces solicita del Coronel del Regimiento de Voluntarios del Estado una tropa armada con el pretexto de disolver al pueblo levantisco que estaba agolpado a las puertas del Parque de Artillería de Monteleón exigiendo las armas allí custodiadas. Con una compañía de treinta y tres soldados, convence al capitán Daoiz, cuyas órdenes eran las de impedir cualquier intervención del Ejército en la revuelta, de que éstas ordenes eran contrarias al patriotismo del momento y debía anteponer su deber como patriota al deber militar y consigue por fin que Daoiz ceda y que se abran las puertas al pueblo y se les entreguen las armas a los sublevados.

"Muerte de Daoiz y defensa del Parque de Monteleón” de Manuel Catellano, 1862
Los franceses atacaron, la lucha fue tremenda y el comportamiento de los defensores, civiles y militares, heroico hasta el extremo. Durante la defensa del Parque, actuando a las órdenes de Daoíz como su segundo, prodiga sus conocimientos tácticos y actúa con absoluto desprecio de su vida en todos los sangrientos combates. El capitán Pedro Velarde Santillán murió a tiros de un oficial de la Guardia Noble Polaca, mientras que el capitán Luis Daoiz atravesado por las bayonetas francesas falleció esa misma tarde. El teniente Jacinto Ruiz Mendoza, natural de Ceuta, que les acompañaba en la sublevación, resultó también gravemente herido pero logra salvarse; sus restos descansan en el monumento a los Héroes y de la Lealtad, en el Paseo del Prado de Madrid, junto con los de Daoíz y de Velarde.
Lápida conmemorativa a los Héroes del 2 de Mayo
Los hidalgos de la Villa, un grupo minoritario que contaba, según el Censo de Godoy de 1797, con algo menos de 5.000 miembros, jugó un papel relavante en la sublevación, con una participación mayor que la de otros grupos sociales


Los dos leones de bronce que adornan la entrada principal del Congreso de los Diputados en Madrid, fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla, reciben los nombres de "Daoíz y Velarde" en honor a ambos militares españoles. Asimismo, cabe destacar, el monumento que en recuerdo de los dos principales baluartes de la resistencia del 2 de mayo se levantó en la plaza de acceso al Alcázar de Segovia.