viernes, 30 de enero de 2015

Refranes de hidalgos


Desde la Baja Edad Media hasta finales del siglo XVIII, los hidalgos tuvieron una relevante presencia social por haber sido muy numerosos (ver entrada: Censo de Hidalgos en 1787), sobre todo el en Norte de España. Con la abolición definitiva del régimen señorial (Ley de 26 de agosto de 1837) y la desaparición de los últimos privilegios de la nobleza, los hidalgos pasaron a convertirse en simples ciudadanos con los mismos deberes y derechos que el resto. Los hidalgos perdieron gran parte de su relevancia social y la hidalguía pasó a constituir un motivo de orgullo personal y comportamiento de vida.

Existen muchos tópicos acerca de los hidalgos, no todos ellos ciertos, como ya se irá viendo en las entradas de este blog, puesto que muchos de ellos fueron destacados militares, políticos, descubridores, conquistadores, marinos, arquitectos, científicos, inventores, ingenieros, escritores, cosmógrafos, etc. desterrando así el mito de que no trabajaban y vivían ociosamente. Algunos, si disponían de rentas suficientes, no lo hacían, fuesen o no hidalgos, pero la mayor parte tenía que trabajar para ganarse el sustento diario.


Hidalgo del siglo XVI (Libro: El buscador de Gloria)

Todo esto ha dado lugar a una serie de entradas en el refranero español que, en general, responden (según la obra “Escuderos e hidalgos en los refranes españoles”, de Juan José Álvarez Díaz) a las siguientes características:

a) Se refieren, siempre, a aquellos que no tienen más título, ni mayor consideración que la de simples hidalgos.
b) Aún subrayando, en algunos casos, su nobleza, los muestran como parte del común.
c) Utilizan la caricatura y, en conjunto, aportan casi todos los elementos que conforman el estereotipo de hidalgo: pobre y de aldea, orgulloso de su linaje, piadoso y apegado a sus valores, celoso de que se le guarde la consideración a la que tiene derecho.
d) La mayoría de estos refranes son anteriores al siglo XVII
e) Muchos aluden a su pobreza y algunos a su nobleza y valores
f) Un parte significativa de ellos rezuman ironía y afán de ridiculizar

Se expone a continuación una serie de refranes referidos a hidalgos:

1.      A hidalgo rico, bien le está el capillo roto
2.      A lo que deba el hidalgo, échale un galgo
3.      A un pobre hidalgo, tres cofradías y un galgo
4.      Árboles buenos, y buenos hidalgos, muy escasos
5.      Bien de escudos y blasones pero mal de pantalones
6.      Bien va el hidalgo adinerado, tuerto o remendado
7.      Cada uno en lo que se cría y la buena crianza en la hidalguía
8.      Comida de hidalgos, poca y manteles albos
9.      Cuando Adán cavaba y Eva hilaba, la hidalguía ¿dónde estaba?
10. Cuando el hidalgo nace, al villano no le place, y mientras vive le persigue, y si se muere no le duele
11. El beber es hidalgo, y el comer es villano
12. El gavilán noble, y de la nobleza la hidalguía
13. El hidalgo, antes roto que remendado
14. El hidalgo de Fuenlabrada, que vendió el caballo, para comprarle cebada
15. El hidalgo de Guadalajara, lo que dice a la noche, no cumple a la mañana
16. El hidalgo y el galgo y el talegón de la sal, cabe al fuego los buscad
17. En la casa del hidalgo ruin, ningún oro y mucho orín
18. En la mesa del hidalgo, pan corto y manteles largos
19. Ese es hidalgo que tiene algo; porque el que no tiene nada, tiene la hidalguía cagada
20. Gran hidalguía y la despensa vacía
21. Guárdeos Dios de pobre hidalgo y de rico villano
22. Hidalgo como el rey, dinero no tanto
23. Hidalgo de aldea, la pobreza allá le lleva
24. Hidalgo de aldea, ni paga ni niega
25. Hidalgo de gotera, el hambre por dentro y los codos por fuera
26. Hidalgo de pez, bautizado en canasta
27. Hidalgo empadronado, o quedará pechero o quedará arruinado
28. Hidalgo en aldea, cuando almuerza, no come; y cuando come, no cena
29. Hidalgo en aldea, gallo en corraleja
30. Hidalgo en aldea, por fuerza ayuna y por costumbre reza
31. Hidalgo pelado, castillo desalmenado
32. Hidalgo pobre, fantasía de oro y realidad de cobre
33. Hidalgo pobre, taza de plata y olla de cobre
34. Hidalgo que tiene un galgo, ya tiene algo
35. Hidalgo sin galgo, no parece hidalgo
36. Hidalgos y galgos, secos y cuellilargos
37. Hidalgos y nabos, ralos
38. Hidalguía, hambre y fantasía
39. Hidalguía pelada, no vale nada
40. Humos de hidalguía, cabeza vana y bolsa vacía
41. La comida del hidalgo, poca vianda y mantel largo
42. La mesa del hidalgo, pan y rábanos, pero en muchos mantel blanco
43. La nobleza y los balsones, nada valen sin doblones
44. Mátenme hidalgos, y no me den vida villanos
45. Mucho aparentar y mucha hidalguía y la despensa vacía
46. Mucho comer no es barraganía, ni pasar hambre hidalguía
47. Negra es la pimienta y cómenla los hidalgos, y blanca es la nieve y písanla los caballos
48. No existe vino malo ni amor mudo, ni montañés sin escudo
49. No hay mejor blasón, que doblón sobre doblón
50. Pobre y casi sin pan, pero hidalgo como el gavilán
51. Presumir de hidalguía con la bolsa vacía es pura tontería
52. Reniego de oficial vestido y de hidalgo desnudo
53. Rocín de hidalgo, seco como un galgo
54. Es más enamorado que el perro de los hidalgos
55. Tres cosas no le faltan al hidalgo pelón: la ejecutoria, el hambre y el don
56. Un hidalgo no debe a otro que a Dios o al Rey

sábado, 24 de enero de 2015

Francisco Jiménez de Cisneros. Cardenal y político


Francisco Jiménez de Cisneros, más conocido como el Cardenal Cisneros, nació en Torrelaguna (Madrid) en 1436, en el seno de una familia de hidalgos de modesta fortuna, y falleció en Roa (Burgos) el 8 de noviembre de 1517. Fue cardenal, arzobispo de Toledo, primado de España y tercer inquisidor general de Castilla, perteneciente a la Orden Franciscana (OFM).

Gobernó la Corona de Castilla en dos ocasiones por incapacidad de la reina Juana. Entre 1506 y 1507 presidió el Consejo de Regencia que asumió el gobierno castellano tras la muerte del rey Felipe el Hermoso en espera de la llegada de Fernando el Católico. Entre 1516 y 1517 volvió a asumir el gobierno tras la muerte del rey Fernando y en espera de Carlos I.

Retrato del Cardenal Cisneros que se conserva en el coro de la Catedral de Toledo

Su nombre original era Gonzalo, y era hijo de un hidalgo llamado Alonso Jiménez y de Marina de la Torre; la familia de su padre provenía de la villa palentina de Cisneros. Tuvo dos hermanos, Juan y Bernardino; primo suyo fue el reformador benedictino García Jiménez de Cisneros. Realizó sus primeros estudios en Roa (Burgos), junto a su tío Álvaro, canónigo de la colegiata de este lugar; los prosiguió en el Estudio General de Alcalá y en la Universidad de Salamanca, donde obtuvo el título de bachiller en Derecho, y pasó algún tiempo en Roma, ciudad en la que ejerció la profesión de abogado.

Inició su carrera sacerdotal en enero de 1471 como arcipreste de Uceda (Guadalajara), lo que le enemistó con Alfonso Carrillo de Acuña, arzobispo de Toledo, que se oponía al nombramiento por pretenderlo para otro, que mandó prenderlos y encerrarlo por siete años, y vicario general y provisor de la diócesis de Sigüenza (coincidiendo con el Cardenal Mendoza) y, más adelante, guardián y superior del convento de la Salceda tras ingresar en la orden franciscana en 1484. Fue provincial del convento franciscano de San Juan de los Reyes (Toledo), donde cambió su verdadero nombre, Gonzalo, por el de Francisco.

Escudo de Armas
Isabel I la Católica le nombró su confesor y su principal consejero. En 1495 le propuso y encumbró a la sede de Toledo como dignidad arzobispal, desde la cual trató de corregir las desviadas costumbres del clero secular. En 1499 acompañó a los Reyes Católicos (Isabel y Fernando) a Granada.

Emprendió la conversión forzosa y los bautismos masivos. Así, en 1502, se ordenaba la expulsión de toda la población musulmana no convertida. Financió y hasta dirigió personalmente expediciones a la zona berberisca, logrando apoderarse de Orán (1509), Bugía y Trípoli. Militarmente, también destacó por sus intentos de creación de una milicia activa, llamada "gente de ordenanza" y por la reorganización de "los lansquenetes" alemanes. También desarrolló labor de mecenazgo humanista, que cristalizó en la fundación de la Universidad de Alcalá de Henares en 1508, y en la impresión de la famosa Biblia Políglota Complutense (1517).
Bíblia políglota complutense
Recibió el capelo cardenalicio en 1507 a instancias de Fernando el Católico, quien también le nombró inquisidor general en esa misma fecha. Fue albacea testamentario de la reina Isabel y miembro de la Regencia provisional nombrada a la muerte de Felipe I el Hermoso en 1506 (los miembros de la grandeza le nombraron gobernador general del reino). Fue uno de los artífices de la vuelta, en 1507, de Fernando el Católico como rey de Castilla, que en 1516 le nombró en su testamento regente y gobernador de Castilla, León, Granada y Navarra, hasta la llegada de su nieto Carlos de Gante, quien llegaría a ser el rey Carlos I. Aplacó los conatos de revuelta de la nobleza castellana y del partido flamenco, contra el futuro emperador. En América se ocupó de la extensión de la evangelización con el envío de misioneros, muchos de ellos franciscanos, y de la reforma administrativa, civil y eclesiástica, de los nuevos territorios, en especial del asunto de las encomiendas.



La faceta de gobernante de Cisneros no oculta una de sus más importantes empresas: la fundación de la Universidad Complutense en Alcalá de Henares en 1507 con una orientación pedagógica renovadora, contando con la inestimable participación de Antonio de Nebrija entre los profesores. Según su testamento del 4 de abril de 1512, dejó a la Universidad de Alcalá toda su fortuna.

Tumba de Cisneros en San Indelfonso (Alcalá de Hernares)

viernes, 23 de enero de 2015

Mandobles. Símbolo de la Real Asociación de Hidalgos


A finales del siglo XV se hicieron populares, aunque surgieron anteriormente, un tipo de espadas mucho más grande de lo habitual, especialmente en Alemania. Eran los montantes (mandobles), es decir, espadas diseñadas para ser manejadas con ambas manos. Los mercenarios o “lansquenetes” que las manejaban cobraban doble sueldo. La longitud de los mandobles estaba en torno al metro, y medio y los usaron hidalgos notables como García de Paredes. 

El símbolo de la "Real Asociación de Hidalgos de España" es: dos mandobles de plata, encabados en oro, puestos en aspa, surmontados por la Corona Real. Pero ¿qué son los mandobles?
Símbolo de la Real Asociación de Hidalgos
 Según el diccionario de la Real Academia Española
Mandoble: Cuchillada o golpe grande que se da usando el arma con ambas manos. Coloquialmente: Espada grande

Montante. Espadón de grandes gavilanes, que es preciso esgrimir con ambas manos, que solo ha sido empleado después por los maestros de armas para separar las batallas demasiado empeñadas.
y según Wikipedia

El mandoble es un término ambiguo para describir a una espada de gran peso, de hasta 4 kg, y grandes dimensiones (de 2 a 2,5 metros de largo), que debe ser manejada con ambas manos para hacerlo con velocidad. Es un arma de los siglos XV y XVI empleada en combate a pie, pensada para atacar eficazmente las armaduras de placas y cotas de malla, provocando en ocasiones fracturas o hematomas graves sin necesidad de perforar la armadura. Sin embargo, su objetivo principal consistía en romper las filas de piqueros acorazados para permitir una ofensiva mayor, como las cargas de caballería.
En España, el Glosario de Leguina indica que el montante también es conocido como espada de dos manos o mandoble, por la necesaria utilización de las dos manos (mano doble) para su esgrima. Pero Dueñas Beraiz, en su estudio sobre las espadas españolas del siglo XVI y XVII, puntualiza que el término de mandoble nunca fue utilizado para designar a esta arma, hasta el siglo XIX. La palabra mandoble si era conocida, pero con otro significado. López Vallejo en su tesis doctoral “Historia del léxico militar en el español áureo” recoge dicho término como golpe o corte que se ocasiona manejando un arma blanca con ambas manos, citado ya en el siglo XV. Así aparece en el Quijote: “No por esto dejaba de menudear Don Quijote, cuchilladas, mandobles, tajos y reveses”.

Los montantes o espadas de dos manos son los máximos exponentes en la evolución de este tipo de armas que necesitan de las dos manos para ser esgrimidas. Si comenzamos por la típica espada medieval “de una mano” con unas dimensiones aproximadas de 80 cm de hoja y peso próximo a 1 kg, el siguiente paso es las del tipo denominada “de mano y media” o “espadas bastardas”, de uso generalizado a partir del siglo XIV, que llega a alcanzar los 100 cm de hoja y 1,5 kg de peso, también conocidas como “espadas de arzón”, según el “Glosario de Voces de Armería” (1912) de D. Enrique de Leguina, por ser más largas que las habituales y llevarse sujetas al arzón del caballo. Denominación que también pudieron compartir con el de “tajadoras”, por ser su función principal la acción de los tajos sobre las estocadas. El montante llega a medir por término medio los 120 cm de hoja y  supera con facilidad los 3 kg, dimensiones y pesos que se ven sobrepasados en algunos ejemplares ceremoniales.

La hoja podía ser recta de dos filos, presentando en algunas ocasiones uno o varios vaceos, pero también se fabricaban con hoja ondulante (flamígera o llameante), con falsaguardas de media luna puntiagudas. Este modelo, muy abundante entre las fuerzas de Lansquenetes (tropas alemanas mercenarias, que aparecieron a finales del siglo XV y que como armas principales utilizaban: la pica y el arcabuz, aunque existían unidades especiales, los “doblesueldo”, que portaban espadas de dos manos y alabardas, era producido principalmente en Suiza y Alemania, aunque algunas también fueron forjadas en España.

Mandoble, con detalle de su crucetas
Sus gavilanes (la cruz, propiamente dicha) solían ser rectos o ligeramente curvados y acompañados de un anillo en uno o ambos lados, para proteger la mano contra los golpes de las armas de asta, y de esta manera compensar la falta de agilidad en adoptar una guardia defensiva, dado la lentitud que implicaba su peso y dimensiones. Algunos ejemplares estaban provistos de una cruceta ó “falsaguarda”, formada por unos rebordes de forma apuntada, también conocidos como  “ganchos de parada”.

Las espadas de dos manos no fueron exclusivas de los países europeos, sino que también fue utilizada en China, India y otros países orientales, sobre todo para ejecuciones. Es muy probable que estas espadas ya fuesen portadas desde el siglo XIV en el arzón de los caballeros, utilizándose como arma de reserva en el caso de tener que combatir a pie.

Pese a las pruebas de la existencia más o menos generalizada de espadas utilizadas con las dos manos desde la Edad Media, algunos creen que las “espadas de dos manos” son más propias del Renacimiento que del Medievo, debiendo su existencia a la necesidad de disponer de armas que pudieran hacer frente a las formaciones cerradas de piqueros, fuerzas que dominaban el teatro bélico europeo por aquel tiempo. También, las espadas grandes y tajantes (montantes) fueron, junto con las lanzas y picas, las armas más importantes con las que contaron las tropas de Cortés y Pizarro, en la lucha contra los indios en la conquista de América. Los arcabuces eran poco efectivos por su baja cadencia de disparo.

Las espadas de dos manos fueron armas muy versátiles en combates en campo abierto, tanto contra la infantería como contra la caballería, cortando las patas de los caballos de un tajo. También fueron utilizadas con notable éxito en la defensa de posiciones y pasos estrechos, así como para impedir el asalto a los muros de las poblaciones sitiadas. Los montantes también fueron utilizados por las milicias urbanas de algunas zonas de Alemania e Italia para desalojar puntos “calientes” y preservar la seguridad de los vecinos, siendo conocidas por “las limpiacallejones”, por su facilidad de poderse enfrentar a varios oponentes al mismo tiempo, haciéndolas girar en un círculo completo, de tal forma que mientras la espada con su estocada solo puede afectar a un hombre cada vez, la circunferencia de muerte que provoca “la dos manos” con su movimiento de corte puede hacer frente a muchos.

Referencia: “Las espadas de dos manos de Diego García de Paredes, el Sansón Extremeño”, de Jesús Ruiz Moreno (CFDE)

sábado, 17 de enero de 2015

Blas de Lezo. El héroe de Cartagena de Indias

Blas de Lezo y Olavarrieta nació en febrero de 1689 en Pasajes, Guipúzcoa (España), hijodalgo e hijo de legítimo matrimonio entre Don Pedro de Lezo y Doña Agustina de Olavarrieta, celebrado en San Sebastián en marzo de 1683. Falleció en Cartagena de Indias (Colombia) en septiembre de 1741. Nuestro héroe consiguió resistir el ataque de la flota inglesa (195 navíos) con solo seis navíos en Cartagena de Indias.

Retrato del Almirante Blas de Lezo
En 1701 ingresó como guardia marina y tres años después inicia su carrera militar siendo todavía un adolescente. En aquellos años, en España se sucedía una guerra entre la dinastía de los Austrias y Borbones por conseguir la corona tras la muerte del rey Carlos II, sin descendencia. Cuando ya había comenzado la Guerra de Sucesión española, y tenía 17 años, se enroló de guardiamarina al servicio de la escuadra francesa al mando del conde de Toulouse y entró en combate enfrentándose a las fuerzas combinadas de Inglaterra y Holanda en batalla librada frente a Vélez Málaga, en la que perdió la pierna izquierda.

Fue ascendido a alférez de navío y pronto pasó a ser teniente de navío participando en la defensa de Tolón. Perdió un ojo en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón mientras luchaba contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya. Tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le alojó en su ojo izquierdo, que explotó en el acto. Perdió así para siempre la vista del mismo, pero quiso continuar en el servicio y no abandonarlo.

Ostentó el mando de diversos convoyes que llevaban socorros a Felipe V, sitiado en Barcelona, burlando la vigilancia inglesa sobre la costa. En 1713 le ascendieron a capitán de navío, y pasado un año, le destinaron a Barcelona. La Guerra de Sucesión había prácticamente finalizado con la firma de la paz con Gran Bretaña, pero Cataluña seguía en armas por los partidarios de la casa de Austria. El marino participó en varios combates y bombardeos a la plaza de Barcelona. En uno de ellos, el 11 de septiembre de 1714, se acercó demasiado a las defensas enemigas y recibió un balazo de mosquete en el antebrazo derecho que le rompió varios tendones y le dejó manco para toda su vida. Así, y tras quedarse cojo, tuerto y sin mano, Blas de Lezo pasó a ser conocido como el «Almirante Patapalo» o el «Mediohombre».

Cuando finalizó la guerra de Sucesión, se le confió en 1723 el mando de la escuadra y el generalato del Mar del Sur, donde se le encargó la limpieza de piratas de las costas del Pacífico. En 1730 fue ascendido a jefe de escuadra. En 1732 se puso al mando de una escuadra de siete navíos para tomar Orán. En 1734 el rey premió sus servicios promoviéndole a teniente general de la Armada. En 1737 volvió a América como comandante general de Cartagena de Indias, plaza que tuvo que defender de los ataques del almirante inglés Edward Vernon.Se casó con la peruana Josefa Pacheco, que murió en Cádiz en 1743.

Cartagena de Indias era el centro del comercio americano y donde confluían las riquezas de las colonias españolas. Los británicos, ansiosos de conquistar el territorio, aprovecharon una afrenta a su imperio para intentar tomar la ciudad. El pretexto fue el asalto a un buque británico propiedad de un contrabandista británico cuyo barco, el Rebecca, había sido apresado en abril de 1731 por un guarda costas español, que le confiscó su carga (episodio que años más tarde daría lugar a la Guerra de la Oreja de Jenkins). La oposición parlamentaria y posteriormente la opinión pública sancionaron los incidentes como una ofensa al honor nacional, y fue excusa para declarar la guerra a España. Los ingleses y armaron una formidable flota jamás vista al mando del Almirante inglés Edward Vernon. La armada estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de los EE. UU. En 1741, las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra de los que disponía la ciudad. Tras duros combates, finalmente, Vernon abandonó derrotado las aguas de Cartagena de Indias con, según los datos oficiales, unos 5.000 ingleses muertos. La vergüenza fue tan tal para Inglaterra que se tomaron medidas para acallar la derrota: El rey Jorge II prohibió todo tipo de publicación sobre la batalla.


Marquesado de Ovieco. Título nobiliario creado por el Rey Carlos III de España a favor de Blas de Lezo y Pacheco, en memoria de su padre Blas de Lezo, conocido como "Patapalo" o "Mediohombre".
Sus desavenencias con el virrey de Nueva Granada, Sebastián Eslava, que le negó varias peticiones y le puso en entredicho, labraron la caída en desgracia de Blas de Lezo en la corte. No tuvo tiempo de sufrirla mucho, porque la misma peste que había hecho mella en el enemigo causó su muerte el 7 de septiembre de 1741 en Cartagena de Indias, quedando en el olvido hasta hace poco, en que ha sido reconocido y en prueba de ello en noviembre de 2014 se la ha erigido una estatua en la Plaza de Colón de Madrid.

viernes, 16 de enero de 2015

La Carta Ejecutoria de Hidalguía

Una Carta Ejecutoria de Hidalguía en Castilla –equivalente a la Firma Posesoria de Infanzonía en Aragón–, es según el tratadista del s. XVII Bernabé Moreno de Vargas “la carta de merced que los Reyes dieron al primero de cada uno de sus linajes”. Básicamente, se trata de un resumen de las conclusiones –favorables al reconocimiento de la nobleza de los solicitantes– de los pleitos litigados por individuos, familias (y en más de un caso, linajes enteros) ante las Chancillerías de Ciudad Real (desaparecida en 1515), Granada y Valladolid; cada una disponiendo de cuatro salas: La del Crimen, de lo Civil, de los Hijosdalgo y de Vizcaya.

La Carta Ejecutoria de Hidalguía era un documento de gran importancia para el linaje que lo obtenía ya que, de ahí en adelante, no se tenía más que probar su pertenencia al mismo por línea de varón para acreditar su hidalguía. Estos documentos –algunos de ellos verdaderas obras de arte–, son pues interesantes fuentes de información sociológica, heráldica y genealógica.

Las cartas ejecutorias de hidalguía aseguraban a sus beneficiarios la condición de hidalgo, por lo que la copia que éstos recibían solían ser decorada con gran riqueza, tanto en su encuadernación como en sus miniaturas
 Este reconocimiento de la condición hidalga (por ejemplo, al empadronarse por primera vez un nuevo vecino en una villa o lugar) estaría sometido inicialmente a la consideración de los concejos municipales o –caso de que tal condición fuera discutida– al dictamen emitido al efecto por las Chancillerías en forma de real carta ejecutoria, siguiendo con ello la legislación promulgada por Enrique III. A partir de 1703 las competencias para determinar tal condición correspondía únicamente a las Chancillerías de Valladolid y de Granada.
Ejecutoria de Hidalguía de Diego de Cevallos, 1567

Resulta interesante aclarar en que consistían tales pleitos: Por lo general tenían como motivo el haberse incluido al litigante por su respectivo Concejo en el padrón de los pecheros, lo que llevaba consigo la obligación de pagar los tales "pechos" (renta que tenían que pagar los villanos a su señor, y los súbditos no nobles al rey) que, naturalmente, se negaba a pagar, alegando su condición de hidalgo, pues el estado de hidalguía eximía de tal pago.

Por tanto, el hidalgo al que el Concejo de su localidad le incluía en la lista de los pagadores, de inmediato interponía querella y reclamación en la Real Chancillería. Allí, el Fiscal encargado de estos casos, lo obligaba a presentar la denominada probanza de que efectivamente poseía la condición de hidalgo así como de la legitimidad y limpieza de su origen (prueba de que en sus ascendientes no había moro ni judío, lo que se llamaba limpieza de sangre).
Ejecutoria de Alfonso Garrido, al servicio de la Casa Real

De acuerdo con el Código de don Enrique, cuando el hidalgo cambiaba de lugar de residencia, precisaba formular un expediente si quería ser incluido en su nueva residencia en el padrón de los hidalgos, y para ello tenía que recurrir a la Real Chancillería para que ésta le facilitase el documento preciso que acreditaba su hidalguía, a la que se llamaba Cédula de Real provisión. En lo que se refiere a las llamadas probanzas se realizaban "ad pepertuam rei memoriam", con el fin de evitar que desaparecieran las pruebas que posteriormente podría precisar el hidalgo o sus sucesores. También se exigía la probanza de hidalguía para el ingreso en las Órdenes Militares existentes, aunque en ocasiones excepcionales se dispensaba.

jueves, 15 de enero de 2015

Censo de hidalgos en 1787

Mientras que en la mayor parte de Europa los nobles constituían una muy exigua minoría, en España la hidalguía tuvo una presencia más que notable en algunas zonas. El Censo de Floridablanca, realizado entre 1785 y 1787, nos da una relación de cuantos hidalgos había en España y en qué lugares residían. El censo arroja la cifra de vecinos (cabezas de familia) hidalgos en España: 480.589, sobre un total de de personas censadas de 10.268,150 habitantes. Sin embargo, hay que estimar, al considerar los familiares, que el número de hidalgos era mucho mayor, y en torno a un millón de personas gozaban entonces de hidalguía, un 10% de la población.

Porcentaje de población hidalga en 1787
El mapa nos muestra tres Españas bien diferenciadas en cuanto al porcentaje de población noble. Por una parte, destaca el núcleo de Burgos, Asturias, Guipuzcoa, Vizcaya y en menor medida Álava, lugares donde este estamento supera o tiene una muy fuerte presencia respecto al Estado Llano. Como zonas con una densidad bastante inferior pero aún significativa podemos situar al resto de la mitad norte de Castilla la Vieja y de León, Navarra, la ciudad de Madrid y la plaza de Ceuta. En los demás territorios, Galicia, el conjunto del antiguo reino de Aragón, la mitad sur castellana y leonesa, Andalucía, Extremadura y las Canarias los hidalgos suponían realmente un segmento de población muy minoritaria, en muchos casos por debajo del 1% del total de habitantes. Información extraida de Genealogía Hispana

miércoles, 14 de enero de 2015

XXX Curso de Heráldica General y Militar

“Un hombre de calidad debe saber el linaje de donde desciende, por lo menos hasta su cuarto abuelo, las del rey y reino de que fuere, tener conocimiento de los colores, del método de blasonar y los preceptos generales del arte.” (Nobiliario Vero” Ferrán de Mexía (S. XV)). Estas son las palabras que ilustran el programa del XXX Curso de Heráldica General y Militar que se impartirá entre los días 16 de febrero al 12 de marzo en el Instituto de Historia y Cultura Militar.

Cartel anunciador del curso
En este curso introductorio los alumnos aprenden tanto a describir como a distinguir las distintas partes de un escudo, las normas de blasonarlos, el vocabulario técnico de la Heráldica, así como adquieren conocimientos sobre Heráldica civil y eclesiástica, condecoraciones y Ordenes Militares, sigilografía y numismática…
Todo esto, por supuesto, dedicando un importante apartado a la Heráldica General Militar y a los modos de diseñar, presentar y aprobar un escudo para una Unidad del Ejército de Tierra. El plazo de matriculación ya esta abierto y se puede descargar tanto el programa como la hoja de inscripción y toda la información de horarios y coste en el enlace: http://www.ejercito.mde.es/unidades/Madrid/ihycm/

martes, 13 de enero de 2015

Luis Bartolomé de Salazar y Castro. Genealogista

Genealogista español llamado por algunos "el príncipe de los genealogistas", es uno de los más citados cronistas españoles. La colección de documentos que reunió a lo largo de toda su vida es una de las fuentes básicas para la investigación de los linajes ibéricos.

Luis Bartolomé de Salazar y Castro. Foto BNE
Nace en Valladolid en 1658, en el seno de una familia hidalga burgalesa, y fallece en Madrid en 1734.

Fue secretario del conde de Luque. Casó con Magdalena Roldán, a cuya muerte pasó a la Corte, donde la fama que ya tenía le hizo ser llamado por el Duque del Infantado. Carlos II en 1685 le hizo Cronista de Castilla, y al año siguiente, caballero de Calatrava, y en 1691 Cronista Mayor de Indias. En 1699 procurador general de la orden de Calatrava y en 1700 alguacil mayor de la Inquisición de Toledo. Felipe V le hizo consejero de las Ordenes Militares y superintendente de las mismas. Su gran erudición le dio fama en toda Europa y le valió el apodo de "Príncipe de los genealogistas".

A lo largo de toda su vida archivó meticulosamente tanto los documentos originales que pudo conseguir como transcripciones de los que pasaron por sus manos, a muchos de los cuales tuvo acceso cuando era informante para los expedientes de designación de los caballeros de la Orden de Calatrava. Estos documentos incluyen testamentos, fundaciones de mayorazgos, capitulaciones matrimoniales, probanzas ante órdenes militares, actuaciones gubernamentales, relaciones internacionales de los reinos de Castilla y Aragón fueros y privilegios del Reino de Valencia, crónicas e historia de los reyes de España y muchos otros. Contiene documentos desde la Edad Media hasta 1734, fecha de su fallecimiento.

Su obra es ingente y se conserva en la Real Academia de la Historia, abarcando gran parte de la nobleza española y europea, no sólo de gran valor como genealogía, sino como colecciones y recopilaciones documentales. Destaca entre ellas: Catálogo historial genealógico de la Casa de Fernán Nuñez (1682); Historia genealógica de la casa de Silva (1685), Historia de la casa de Lara (1685), Historia de la Casa de Haro y Glorias de la casa Farnese (1715).


lunes, 12 de enero de 2015

Linaje Huidobro


El autor de este blog (José Manuel Huidobro Moya) es 7º y 6º nieto de hidalgos empadronados en Huidobro (Burgos) en 1692 y 1696, 5º y 4º nieto de hidalgos empadronados en Sedano (Burgos) en 1753 y 1776, en todos los casos por la línea de varonía. Miembros de su linaje de varonía obtuvieron Real Provisión de un mismo acuerdo para ser empadronados como hidalgos, en la Real Chancillería de Valladolid, en 1795 y 1799.

Escudo de Huidobro (Sedano-Burgos)


El apellido De Huidobrode Sedano (Burgos), más tarde abreviado en Huidobro, es de origen foráneo a pesar de su antigüedad en la villa. Su procedencia debe estar en Huidobro desde donde llegó a Sedano en distintos momentos. Según los heraldistas, los Huidobro eran buenos hijosdalgo y antiguos en las Montañas de Burgos. Su origen legendario estuvo en un caballero francés que pasó a servir a los reyes de Castilla en las guerras que estos libraron contra los moros. Ya en 1476, Álvaro de Fuydobro era mayordomo de la Honor y alcaide de la fortaleza de Tubilla. En 1516 aparece Hernando de Huidobro entre los vecinos hidalgos de la villa y en 1522 un testigo certifica que los hermanos Álvaro y García de Huidobro, siendo ministros de Rodrigo de Castañeda, llevaron y prendaron a los vecinos pecheros de Sedano.

Escudo de Huidobro, con arrabá
Certificación de mis armas, realizada por el Cronista de Armas de Castilla y León, Don Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila (60/2014)

Certificación de armas 60/2014 por el Cronista CyL



Nota. Existen varias ramas de los Huidobro, no necesariamente emparentadas entre sí: los de Sedano (la del autor de este blog), los de Quecedo (varios de cuyos miembros emigraron a América), los de Villadiego, etc. En principio, aunque pueda parecerlo, no hay constancia documental alguna de que estas tres familias tengan un tronco común. De hecho, el escudo de los Huidobro de Sedano (el cual, únicamente puede ser utilizado por mi familia) es totalmente distinto al del de los Huidobro de Quecedo; respecto a los de Villadiego deconozco si lo tienen o no. No todos los linajes tienen escudo y tampoco el tener escudo implica nobleza.

Está comprobado que los García Huidobro de Chile descienden por vía materna de los Huidobro de la zona de Quecedo, por eso su escudo muestra las armas de estos en el segundo cuartel. Personajes de este linaje: el Marqués de Casa Real y el poeta Vicente.

En cuanto a los Ruiz de Huidobro es un apellido totalmente independiente de todos los anteriores. Los Marqueses de Huidobro tenían escudo propio, pero para poder usar el mismo es requisito indispensable probar descendencia de este linaje.




domingo, 11 de enero de 2015

Los hidalgos. Nobleza no titulada

La hidalguía, según las Partidas, es "la nobleza que viene a los hombres por su linaje". En Castilla, la hidalguía, en contraste con las costumbres francesas, sólo se trasmitía por linaje de varón (línea agnada). Los hidalgos eran conocidos por diversas clases, siendo los más importantes aquellos de "solar reconocido", o de casa solariega" que pregonaba la nobleza e importancia de sus ascendientes.
 
Los hidalgos constituían la capa inferior de la nobleza, por debajo de los caballeros. Estos se dividen a su vez en caballeros de hábito, es decir, miembros de las Órdenes de Caballería, y los caballeros simples. Pero la hidalguía representaba nada menos que un 90% del estamento nobiliario. El porcentaje de nobles en España era grande, y en algunos lugares los hidalgos constituían la mayor parte de la población: en Asturias en 1773 los hidalgos censados eran el 86 % de los habitantes, y en Cantabria también representaban una amplia mayoría. Cuando los Borbones alcanzaron el trono había en España unos 600.000 entre un total de nueve millones de habitantes.

El hidalgo más famoso, mundialmente
La hidalguía se originó durante la Reconquista, y podía acceder a ella cualquier plebeyo que pudiera costear su propio servicio en la caballería. A partir del siglo XII se cierra el acceso a quien no fuera a su vez hijo de hidalgo. Es durante dicha época cuando en Castilla y León se empieza a utilizar el término hidalgo en lugar de infanzón. Designaba a aquellos que, aunque sin título ni fortuna, descendían de algún noble o de antepasados que se hubieran distinguido por sus hechos y posición. Aquellos que obtuvieron la hidalguía en tiempos de la Reconquista, eran considerados hidalgos primarios, mientras que los que se establecieron en tierras ya conquistadas y alcanzaron posteriormente el rango fueron secundarios

Uno de los rasgos que caracterizan a los hidalgos es la exención fiscal. No contribuían al pago de impuestos, a cambio de lo cual hacían una prestación militar, debían mantener caballo y armas y acudir a la guerra cuando el rey los llamase. Como eran tan numerosos e improductivos, esto resultaba gravoso para la hacienda pública, de modo que los Borbones estimaron necesario reducir considerablemente el número de nombramientos. 

El hidalgo español gozaba, además, de otros privilegios, como el de no poder ser sometidos a tormento ni encarcelados por deudas. Tampoco podían ser embargados sus bienes, a menos que la deuda fuera con el rey. Su domicilio era inviolable, solo podía ser juzgado por sus pares y, si era sentenciado a muerte, tenía la prerrogativa de ser decapitado en lugar de morir ahorcado. Pero todos estos beneficios fueron suprimidos durante el primer tercio del siglo XIX

Un hidalgo podía dedicarse a actividades muy diversas: aspirar a cargos públicos, seguir la carrera de las armas, entrar en religión o practicar una de las profesiones consideradas honrosas, como por ejemplo las leyes. Pero no trabajaba con sus manos ni aunque fuera pobre. Sin embargo, si alguno lo hacía, no ponía con ello fin a su hidalguía. Esta persistía aunque el hombre fuera labrador, comerciante o zapatero, que los había. O incluso “pobre de solemnidad”, es decir, obligado a vivir de la mendicidad. 

Ahora bien, si el hidalgo lo deseaba, podía tornarse villano mediante una ceremonia que tenía lugar ante el Concejo, y en la que debía pronunciar las palabras: "Dejo nobleza y tórnome villano". Si luego quería recuperar su hidalguía, otra ceremonia lo permitía diciendo: "Dejo villanía y tomo nobleza"

La hija de hidalgo que se casara con un villano perdía su hidalguía. Si enviudaba podía recuperar su estado, pero para ello debía realizar el rito de la albarda. Con una albarda en la espalda acudía a la tumba de su difunto y Decía: "Villano, toma tu villanía, da a mí mía fidalguía", tras lo cual arrojaba la albarda sobre la tumba. 

Cabe distinguir varias clases de hidalgos: la primera sería la de aquellos de solar conocido, es decir, los que tienen casa solariega o descienden de una familia que la ha tenido o la tiene. 

Luego se situarían los notorios de sangre, la clase con más prestigio, y su nobleza nunca puede ser puesta en tela de juicio por representantes de categorías superiores. Aquellos cuyos cuatro abuelos fueran hidalgos se llamaban hidalgo de cuatro costados

Los hidalgos de ejecutoria son los que han litigado para poder probar su hidalguía. La mayoría de estos pleitos se litigaban en la Real Chancillería de Valladolid

Los hidalgos de privilegio son los que resultan nombrados en virtud de algún servicio. Puede ser transmisible o solamente personal. Son menospreciados por los hidalgos de sangre, que les vedan muchas veces la participación en determinadas actividades. 

Era hidalgo de beneficio quien compraba la hidalguía que los reyes ponían a la venta para beneficiar a algún convento o para recaudar dinero de cara a una campaña bélica. 

Hidalgo de Indias es quien demuestra descender de los descubridores y conquistadores de tierras, pobladores de villas, encomenderos y cargos en cabildos. 

Otra curiosa categoría es la denominada hidalgo de bragueta, reservada al hombre que engendraba siete hijos varones consecutivos dentro del matrimonio. Esto dio lugar a sospechas de que algunos ocultaban a sus hijas para reconocer solo a los hijos varones. 

Los hidalgos de gotera, que solo lo eran bajo su propio techo, es decir, se reconocían como tales en una determinada localidad, pero perdían el privilegio si se trasladaban a otra. 

Y por último existía en Castilla una categoría llamada hidalgo de devengar quinientos sueldos, por tener derecho a percibir esta cantidad como satisfacción a cualquier injuria que les fuere hecha. Incurría en tal delito quien llamara a un hidalgo "gafo, sodomítico, cornudo, traidor o hereje".