viernes, 22 de septiembre de 2017

Alonso Fernández de Lugo. Conquistador de las Canarias


Participó en la conquista de Gran Canaria (1478) y capitaneó las de La Palma (1492) y Tenerife (1495), de las que sería gobernador hasta su muerte. Fue nombrado por los Reyes Católicos capitán general de Berbería y Primer Adelantado Mayor de las islas Canarias. Se estableció en San Cristóbal de La Laguna, conocida popularmente como la Ciudad de los Adelantados.

Alonso Fernández de Lugo y de las Casas nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) hacia 1456, durante el reinado del rey de Castilla Enrique IV, y falleció en La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, en mayo de 1525, en cuya catedral reposan sus restos. Era hijo segundo de Pedro Fernández de Lugo, hidalgo y comerciante de ascendencia gallega, y de Inés de las Casas.

Armas de los Lugo
Hacia 1475 se casa con su primera esposa, Violante de Valdés y de Gallinato (otros dicen que Calatina Xuárez de Galllinato), con la que tiene a sus hijos Fernando, Pedro y Beatriz. Violante fallece en 1490 y unos años más tarde, en 1498. Alonso de Lugo contrae segundas nupcias con Beatriz de Bobadilla, señora de La Gomera. También enviuda Lugo de doña Beatriz, no quedando descendencia de su unión. Por último, Lugo se casa por tercera vez en 1514 con Juana de Massiéres, dama de la corte de Germana de Foix, de quien tiene dos hijas: Luisa y Constanza.

Junto al capitán Juan Rejón, el obispo de Rubicón Juan de Frías, y el deán Juan Bermúdez, intervino, como caballero, en 1478 en la toma de Gran Canaria y en la derrota de Doramas y otros jefes guanches. Por orden de Pedro de Vera le fue encomendado el mando del castillo de Agaete, desde el cual saldría la expedición que en 1482 prendió al jefe indígena Tenesor Semidan en Gaidar.

Sello conmemorativo
Concluida la conquista de Gran Canaria, Alonso Fernández de Lugo regresó a la Península Ibérica y solicitó a los Reyes Católicos el permiso para intentar la toma de las islas de Tenerife y La Palma. En respuesta a sus demandas, los monarcas confirmaron las concesiones que Pedro de Vera le había otorgado, le nombraron gobernador de Las Palmas y le concedieron el quinto de los cautivos y botín, la mitad de los quintos de Berbería y Santa Cruz de Tenerife, y la suma de 700.000 maravedíes si la conquista era efectuada en el transcurso de un año.

Para sufragar los gastos de la campaña, Fernández de Lugo entró en sociedad mercantil con los banqueros italianos afincados en Sevilla Juanoto Berardi y Francisco Ribarol, a quienes ofreció compartir gastos y beneficios en tres partes iguales, ofrecimiento que no cumpliría a la hora de repartir las ganancias. El contingente militar que consiguió reunir constaba de novecientos hombres, que habían sido reclutados en Sevilla y Gran Canaria.

El 29 de septiembre 1492, la expedición de Alonso Fernández de Lugo desembarcó en La Palma; y en los primeros poblados indígenas que encontraron apenas hubo resistencia, pues estos lugares habían sido convertidos al cristianismo y sometidos a los Reyes Católicos previamente, gracias a las gestiones efectuadas por la indígena Francisca de Gazmira. A pesar de la resistencia ofrecida por el resto de los poblados guanches, en abril de 1493 sólo permanecía insumiso el jefe Tanausú del bando  Aceró. Tras varios intentos infructuosos de penetrar en la Caldera de Taburiente donde se habían hecho fuertes los palmeros, el 3 de mayo de 1493 Fernández de Lugo logra apresar a Tanausú (éste se suicida por inanición cuando era llevado prisionero a la Península, para no ser esclavizado), con lo que se da por concluida la conquista de la isla. Así, finalizada la conquista de La Palma, Fernández de Lugo dejó como administrador de los repartos a su sobrino

Culminada la incorporación de La Palma a la Corona de Castilla, Fernández de Lugo parte de nuevo hacia la Corte para capitular la conquista de Tenerife. Los Reyes le conceden los derechos en diciembre de 1493 y Fernández de Lugo, agradecido por los privilegios otorgados, renuncia a los 700.000 maravedíes que los monarcas le debían por la conquista de La Palma, lo que provoca las quejas de sus socios de la empresa palmera.

El 30 de abril de 1494, al mando más de mil infantes y 125 jinetes, partió de Gran Canaria hacia la isla de Tenerife; desembarcó en la rada de Añaza, donde fundó Santa Cruz de Tenerife. Cerca de este poblado, en el mes de mayo, Bencomo, jefe de Taoro, y los jefes de Anaga y Tacoronte se enfrentaron a los españoles; sin embargo, el indígena Añaterve de Güímar se alió con los conquistadores. Lugo y sus hombres fueron sorprendidos por Bencomo en el barranco de Acentejo (primera batalla de Acentejo), donde fueron derrotados, sufriendo un gran masacre y hubieron de retirarse a Gran Canaria.

Batalla de Acentejo
Desde aquí, y con la ayuda del duque de Medina-Sidonia, Juan de Guzmán, quien reclutó a unos seiscientos veteranos de la Guerra de Granada, Fernández de Lugo volvió de nuevo a Santa Cruz de Tenerife. Desembarcó en noviembre de 1495 y a mediados de ese mismo mes derrotó a Bencomo en La Laguna y al mencey de Tacoronte (batalla de Aguere) y a su hijo y sucesor Bentor (que se suicida, siguiendo el ritual guanche) junto con sus aliados, un mes mas tarde, en lo que se conoce como la Victoria de Acentejo. Regresó entonces a Santa Cruz de Tenerife, desde donde reemprendió las escaramuzas para acabar con los últimos focos rebeldes, y en julio de 1496 sometió definitivamente a los menceyes, firmando la "Paz de los Realejos"con lo que se dió por finalizada la conquista del archipiélago.

Inicio de la conquista de Tenerife

En 1496 los Reyes Católicos, en reconocimiento a sus conquistas, nombraron a Fernández de Lugo gobernador de Santa Cruz de Tenerife y La Palma. En 1500, habiendo recibido la orden de construir tres fortalezas en las costas africanas, fue derrotado en San Miguel de Saca. Regresó a España y combatió contra las tropas francesas en el Rosellón. En 1503 le fue concedido el título de adelantado (oficial de la Corona de Castilla que tenía competencias judiciales y gubernamentales sobre un territorio determinado) de las Canarias y de capitán general de la costa de África del cabo de Guer al Bojador. A su muerte fue sucedido en sus cargos por su hijo Pedro Fernández de Lugo, reinando Carlos V

Los menceyes de rinden ante Fernández de Lugo tras la victoria de Acentejo
Alonso Fernández de Lugo fallece el 20 de mayo de 1525 en su casa de San Cristóbal de La Laguna, considerando algunos que fue envenenado por sus hijos para poder heredar el título de Adelantado.

Nota: Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, fueron los propulsores de la segunda parte de la Conquista de las Islas Canarias, iniciada por Juan de Bethencourt

 

















En 1477, los Reyes Católicos, vistos los informes oportunos y considerando el peligro que suponía para Canarias la amenaza portuguesa, negocian con Diego de Herrera la cesión del derecho de conquista sobre las tres islas aún por conquistar: Gran Canaria, La Palma, y Tenerife. A cambio, los Herrera-Peraza recibirán una suma de dinero y la investidura del título de Conde de La Gomera para sus descendientes. También influyeron en la decisión real las quejas recibidas en la Corte de los vecinos lanzaroteños por los malos tratos a que se veían sometidos por los señores de la isla. A partir de este momento la conquista de las Canarias tomará un carácter distinto a la etapa anterior.


Para saber más: Genealogía del Capitán D. Alonso Fernández de Lugo y de la Casas Conquistador de Sta. Cruz de Tenerife y Adelantado Mayor de las Islas Canarias

Cuenta el estudioso e historiador Núñez de la Peña:

«Conseguida esta merced por Don. Alonso Fernández de Lugo, habló a algunos caballeros poderosos de España si querían ayudarle en la conquista, que partiría con ellos de las presas de ganado y cautivos que se hiciese y entrarían en parte según el caudal con que cada uno entrase»

De esta forma, con promesas de regalar tierras y saqueo, conseguiría formar un gran ejercito que saldría desde Cádiz para invadir y conquistar las islas de Tamarán (actual Gran Canaria), Benahoare (actual La Palma) y Achinech (actual Tenerife), para anexionarlas a la corona de Castilla.

martes, 19 de septiembre de 2017

II Coloquio Internacional sobre la Nobleza


Organizado por la Fundación Cultural Hidalgos de España, International Commission for Orders of Chivalry, Famiglie Storiche d’Italia y el Instituto Internacional de Genealogía y Heráldica, tendrá lugar en Madrid el II Coloquio Internacional sobre la Nobleza.
 

Los temas a tratar estarán relacionados con:

·        La Nobleza y la Heráldica y los heraldos en los países monárquicos y republicanos.

·        Evolución histórica e interpretación del concepto de nobleza en la sociedad multimedia.

·        Nueva visión del asociacionismo nobiliario.

·        Validez y fiabilidad científicas de las publicaciones, almanaques, nobiliarios y  elencos de nobles.

Descarga del Programa detallado con ponentes y conferencias

Fecha: Madrid, 20 - 21 octubre, 2017
Lugar: CMU Marqués de la Ensenada
Inscripción: Gratuita

ORGANIZACIÓN Y CONTACTO
C/ Jenner, 6.  28010 Madrid
91 542 81 46 / 91 542 83 96

viernes, 15 de septiembre de 2017

Miguel Ricardo de Álava. Héroe de Guerra de la Independencia y de Waterloo


Militar y diplomático liberal, el general Álava conoció el poder y la gloria pero también la impotencia y el exilio. Se ganó el respeto y el afecto de cuantos le trataron. Entre sus amigos se contaban personalidades tan destacadas como Lord Wellington, Talleyrand o el rey Guillermo I de Holanda. 

Combatió como “segundo” del Duque de Wellington en la batalla de Warterloo, que acabaría con las ideas expansionistas de Napoleón Bonaparte.

Nacido en el seno de una familia noble con larga tradición de servicio en la milicia y en la burocracia real, Miguel Ricardo de Álava y Esquível vio la luz en Vitoria en febrero de 1772. Pedro Jacinto de Álava y Saénz de Navarrete, su padre, fue titular del mayorazgo de los Álava y señor de Quintana, Urturi y Rituerto y miembro del Consejo de Hacienda de S.M. por su empleo como gobernador de rentas reales y subdelegado de correos para Vitoria y su partido; María Manuela de Esquivel y Peralta, su madre, también pertenecía a uno de los linajes alaveses más ilustres. Se casó con su prima, Loreto de Arriola y Esquiver, descendiente de los Marqueses de Legarda.

Retrato del General Álava
Con nueve años recién cumplidos ingresó en el Seminario de Nobles que la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País regentaba en Vergara. Este centro, creado para educar a los hijos de la aristocracia vasca, destacó por la modernidad de su proyecto docente. El plan de estudios combinaba las humanidades (gramática, latín, filosofía, historia, etc.) con las ciencias puras (matemáticas, física, química, etc.) sin descuidar ni el dibujo ni las lenguas modernas (francés e inglés). Música, esgrima y baile completaban un programa de formación integral, que buscaba la plenitud física, intelectual y moral de los internos. Éstos eran educados en un estricto código moral basado en la dignidad personal, el amor al trabajo y una serie de virtudes como el respeto a la ley, la vocación de servicio o el amor a la patria.

Posteriormente, Álava ingresó como cadete en el ejército real. Pero poco después se pasó a la armada aconsejado por su tío, el almirante Ignacio María de Álava. Durante los dieciséis años que sirvió en la marina real, dio varias veces la vuelta al mundo y fue apresado por los ingleses después de un combate naval frente a las costas filipinas. En su hoja de servicios consta también que se distinguió en el sitio de Tolon (1793) y en la batalla de Trafalgar (1805), que a la postre acabó con la hegemonía marítima española. En 1807 fue licenciado con el grado de teniente de navío y pasó a residir en su ciudad natal. Cuando en 1808 se produjo la invasión napoleónica era concejal del ayuntamiento vitoriano y procurador de la Junta General de Álava. Pero por poco tiempo, por su hoja de servicios, su prestigio personal y su dominio del francés, el representante de Napoleón en España lo envió a Bayona para representar a la marina en lo que luego resultó ser un simulacro de debate constitucional convocado para arropar la proclamación de José Bonaparte como rey de España.

Consciente de la gravedad de aquel hecho, Álava retornó a la península y buscó al general Castaños para ponerse a sus órdenes. Estuvo al lado del vencedor de Bailén hasta que la Junta Central le destinó al estado mayor de Wellington, generalísimo de las tropas aliadas anglo-hispano-portuguesas, donde pasó el resto de la contienda. Luchó contra los franceses a las órdenes del mariscal inglés en Busaço (1810), Arapiles (1812) y Vitoria (1813), alcanzando el grado de general al término de la contienda. También acompañó a Wellington en la decisiva batalla de Waterloo (1815). El general Álava destacó tanto por sus habilidades castrenses como sus virtudes humanitarias. 

El Duque de Wellington en Waterloo
En agosto de 1812, poco después proclamar la constitución en Madrid siguiendo el mandato de las Cortes, ofreció una amnistía para los españoles enrolados en las filas bonapartistas que entregaran las armas. Ese deseo de humanizar la guerra y evitar la violencia gratuita volvió a aflorar en el general Álava muchos años después, en plena guerra civil, cuando promovió el convenio Elliot (1835) por el cual los jefes liberales y carlistas se avinieron a intercambiar los prisioneros de guerra.
Aunque pasó gran parte de su vida lejos de su Vitoria natal, también representó a sus paisanos como concejal (1808), como diputado general (1812-5) y como diputado en cortes (1822-3). Pero los vitorianos le recordaron siempre por su valerosa actitud del 21 de junio de 1813 cuando se adelantó al frente de la caballería inglesa, cerró las puertas de la ciudad a los franceses que derrotados se retiraban en desbandada y salvó a sus paisanos de un saqueo casi seguro. Tras la batalla de Vitoria el general apenas permaneció unas semanas en la ciudad: el tiempo justo para sanar de sus heridas y contraer matrimonio con Loreto Arriola el 22 de noviembre 1813. Una semana después salió para Bayona con el fin de reincorporarse al estado mayor de Wellington.
Monumento a Álava en Vitoria
La filiación liberal del general Álava le ocasionó algunos roces con Fernando VII quien, finalmente, le envió como embajador ante Guillermo I de Holanda (1815). En 1812 recibió el Toisón de Oro y, en octubre de 1815, fue nombrado Caballero Comendador extraordinario de la Orden del Baño, y en 1816 ingresó como caballero de la Orden de Santiago.

Durante el trienio constitucional Álava fue nombrado capitán general de Aragón (1821) y elegido diputado en cortes por el distrito de Vitoria (1822). Condenado a muerte tras la caída del gobierno constitucional, Miguel Ricardo se exilió primero a Inglaterra y después a Francia. Privado de honores y bienes, llevó una existencia incierta y apurada. Amnistiado en octubre de 1833 tras la muerte de Fernando VII, fue nombrado vocal del Consejo de Estado, Prócer (seandor) del Reino.

En la capital inglesa Álava trabajó en favor del convenio Elliot y consiguió que Portugal, Inglaterra y Francia ayudaran militarmente al gobierno español en su lucha contra los carlistas. Volvió a la Península acompañando a la Legión Británica en el verano de 1835 para hacerse cargo del ministerio de Marina en el gabinete moderado de Toreno. Pero en aquel Madrid minado por la lucha política descarnada entre las dos fracciones liberales las cosas cambiaban de un día para otro. Después de haber rechazado la presidencia del consejo de ministros que le ofreció el progresista Mendizábal, aceptó en noviembre la embajada en París. Su ruptura con los progresistas fue sonada: en el verano de 1836 dimitió de sus cargos como protesta contra el golpe de estado instigado por los progresistas y ejecutado por los sargentos de la guardia real. Los moderados repescaron a álava dos años después y le confiaron la embajada española en Londres (1838-41). Ése fue su último destino oficial. Poco después se estableció en Vitoria, si bien murió en el balneario francés de Barèges en julio de 1843.

Para saber más

martes, 12 de septiembre de 2017

Escudo e hidalguía en el valle de Roncal. La batalla de Olast.


La batalla de Olast u Ollate se produjo en el año 732 (algunos historiadores la sitúan en el año 785) y fue un importante hito histórico para los habitantes del Valle de Roncal, de la que se derivaron diferentes privilegios y prerrogativas.

En su escudo (Valle de Roncal), la cabeza cercenada del moro sobre el puente, con el río y las montañas, surgió en el siglo VIII. El 13 de marzo de 1798 Carlos IV añadió el castillo y el lebrel, tras la guerra contra la Convención.

Representación de la batalla de Olast_ Ayuntamiento de Urzainqui (Navarra)
Esta batalla se produjo, supuestamente, durante la incursión de los musulmanes por los Pirineos y tras la batalla de Poitiers, cuando las fuerzas de Abd-alRahman-el-Gafequi caudillo del Califato de Córdoba presentaron batalla a las fuerzas del Valle el Roncal en el sitio conocido por Olast, cerca de Yesa. En el enfrentamiento cayó prisionero el caudillo Abderramán y, según la leyenda, una guerrera roncalesa le cortó la cabeza.

Según otras  versiones de la leyenda, cuando Abderramán, el gran rey de Córdoba, con su ejército atravesó el Pirineo llegando hasta Tolosa (Toulouse), a la vuelta decidió hacerlo por el Valle de Roncal, arrasando a sangre y fuego todo lo que encontraban, huyendo hombres y mujeres hacia los montes. Acudió en ayuda de los roncaleses el entonces rey de Pamplona Fortún García y en las “landas de Olast”, entre Burgui y el actual monasterio de Leyre, emprendieron un desigual combate.

Los musulmanes al ver lo que se les avecinaba emprendieron la huida por la margen del Ezca, mientras los navarros, atravesaron por la sierra de Leyre y les cerraron el paso en el puente de Yesa, sobre el río Aragón. Allí lograron llegar hasta el propio cuartel real y hacer peso al rey moro. Cuéntase que mientras los hombres deliberaban sobre qué suerte debían dar al Emir, una mujer, de nombre Sara, se adelantó con un cuchillo y segó la cabeza del moro.


Este hecho hizo que en todos los escudos de los pueblos y del valle figure una cabeza con rasgos árabes en conmemoración y recuerdo del mismo. Así, en uno de los cuarteles del escudo del valle de Roncal aparece la cabeza de quien se dice es Abderramán I (¿?), pero cada una de las siete villas que configuran la comunidad, posee su cabeza mora dispuesta en diferente posición que la del pueblo de al lado, como señal distintiva ya que cada uno puede utilizarlo como propio.

Escudo de armas del Valle de Roncal, según el ‘Armorial navarro’ de Vicente Aóiz de Zuza

Hasta mediados del siglo XIX todos los vecinos del valle de Roncal (entendiendo por vecino aquel que tenía derechos como tal y no era un mero residente) eran nobles a resultas del privilegio de hidalguía colectiva concedido en 1412 por el rey Carlos III de Navarra (concede al valle de Roncal el Fuero General, en el cual reconocía y confirmaba a los roncaleses como caballeros, hidalgos e infanzones, y les permitió tomar como propio el escudo del valle; un instrumento de los monarcas durante el siglo XV para fortalecer las estructuras vecinales frente al poder de los linajes nobiliarios), privilegio que se apoya en los concedidos en tiempos de las guerras contra los musulmanes por el rey Fortún García (entre los años 783 y 804) y por Sancho I (822), tiempos en los que los roncaleses ganaron también el derecho a goce de las Bardenas Reales de Navarra.

Así pues, todos los roncaleses eran nobles pero, ¿qué escudo les correspondería si eran familias muy diversas? Pues, a efectos de esta nobleza y tal y como indica el Libro de Armería del Reino de Navarra, el Valle de Roncal se comporta como una única casa solariega, y su escudo es uno para todos sus vecinos.


El valle de Roncal se sitúa en la Comunidad Foral de Navarra, concretamente, en la Merindad de Sangüesa. Comprende siete villas: Burgui, Garde, Isaba, Roncal, Urzainqui, Uztárroz y Vidángoz y administrativamente está constituido en una mancomunidad una entidad local de carácter tradicional.

A lo largo de su historia el valle de Roncal ha tenido dos escudos diferenciados para manifestar la condición de hidalguía colectiva. A diferencia de los títulos nobiliarios individuales, en los que cada señor representa sus armas de manera única y diferenciada, dicha hidalguía colectiva propia sobre todo de la Navarra pirenaica, establecía unos blasones comunes únicos para todos los habitantes del territorio.

El primer escudo, que representa la cabeza cercenada del moro sobre el puente de Yesa con el río y las montañas, es originario de finales del siglo VIII y fue obtenido tras la batalla de Olast u Ollate.

Los roncaleses tienen a gala por tradición que la cabeza corresponde al emir cordobés Abderramán I (731-788) pero la afirmación no es rigurosa. La vida de Abderramán -“el que entra” o “el inmigrado”- estuvo llena de asesinatos, conjuras y traiciones pero él se murió en la cama tras nombrar heredero a su hijo Hisham.

¿A quien degollaron entonces los roncaleses? Pues no se sabe con certeza. Hay quien afirma que se trató del valí -gobernador provincial- Abderramán el Gafequi en la retirada tras la derrota en la batalla de Poitiers (octubre del 732), pero también los hay que sostienen que en Ollate se combatió durante el reinado de Fortún Garcés (845-905), de modo que el asunto se queda entre la nebulosa densa de las tradiciones y la historia.

Lo que sí es historiográfico es que el valle de Roncal constituyó un núcleo de resistencia frente al dominio musulmán y sus aceifas o expediciones militares para obtener trigo y tributos. En el prefacio del Fuero viejo de Sobrarbe se recoge que “ entonces se perdió España, entroa los puertos sino en Galicia, et las Asturias, et daca Alava, Bizcaya, et dotra part Bastan, et la Berrueza, Deyerri, et en Anso, et sobre Jaca, et encara en Roncal, et en Sarazaz, et en Sobrarbe, et en Anso”.

Hasta finales del siglo XVIII el escudo roncalés se mantuvo inalterado. Sin embargo, el lunes 20 de enero de 1793 se produjo un hecho con graves repercusiones internacionales: la muerte en la guillotina del rey francés Luis XVI. La Revolución francesa daba un paso más y constituía el régimen de la Convención, en cuyo desarrollo se dio el periodo de El Terror a cargo de Robespierre.

Carlos IV quedaba al frente de los intereses dinásticos de la casa de Borbón y Francia luchaba de manera activa contra todos sus enemigos terrestres. Inglaterra quedaba a la espera del desarrollo de los acontecimientos con la idea pragmática del “dejemos que se maten los demás entre sí”. Para sorpresa general, los revolucionarios batieron al ejército tradicional de Austria y, en marzo de 1793, declaraban la guerra a España.

En el valle de Roncal se constituyó la Milicia provincial, mandada por el alcaide y capitán a guerra Pedro Vicente Gambra, destacado empresario ganadero y promotor del desarrollo almadiero. Carlos IV envió de refuerzo a los Tiradores de Sigüenza. Gambra recibió el grado de teniente coronel y va a ser la bisagra entre el frente aragonés, mandado por Pablo Sangro Merode -príncipe de Castelfranco-, y el teniente general Ventura Caro Fontes, responsable de la defensa navarra y de Guipúzcoa.

La movilización roncalesa fue unánime y eficaz y, como en el caso de Olast, las mujeres tomaron parte activa en la lucha formando una segunda línea de combate provistas de cuchillos y bayonetas.

Los franceses no pasaron más allá de incendiar la ermita de Arrako y robar su plata. Los hombres de Gambra les desalojaron del pico Bimbalet, incendiaron Santa Engracia y se apoderaron de un número importante de cabezas de ganado. Por contra, los franceses arrasaron las Reales fábricas de armas de Eugui y Orbaiceta, incendiaron Ochagavía y ocuparon físicamente el valle de Baztán y toda la comarca del Bidasoa. En enero de 1795 Carlos IV consentía, tras peticiones reiteradas de la Diputación, convocar Cortes estamentales el 11 de enero de 1795 para que se llamase al apellido (decreto de movilización general) y aprobase una aportación económica de Navarra a la guerra por importe de 170.000 pesos, de los que al valle de Roncal correspondió pagar 12.896.

El valido Manuel Godoy había comenzado pocos meses antes unas negociaciones secretas con Francia que condujeron a la Paz de Basilea (22 de julio de 1795), en la que una Francia exhausta por el esfuerzo bélico abandonaba Guipúzcoa y la parte ocupada de Navarra y recibía como compensación territorial la mitad occidental de la isla de La Española, lo que en la actualidad es Haití.

 
La defensa eficaz del valle de Roncal por sus moradores mereció el agrado de Carlos IV, quien el 13 de marzo de 1798, desde Aranjuez, firmaba una real cédula que concedía a los roncaleses añadir a su escudo un castillo, símbolo de la fortaleza, y el lebrel, que representa la rapidez en la acción; elemento incorporados desde entonces al escudo del valle, que pasó así a ser cuartelado.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Tristán de Luna y Arellano. Colonizador de la Florida, fundó su primer asentamiento


El asentamiento de Tristán de Luna estuvo habitado en Pensacola (Florida) desde 1559 hasta 1561, lo que supone que aventaja en seis años al asentamiento de San Agustín, en 1565, por Pedro Menéndez de Avilés ¡Y al asentamiento inglés de Jamestown (Virginia) en 48 años y a Plymouth (Massachusetts) en 61!

Pensacola* es el asentamiento más antiguo de los Estados Unidos, fundado no por los puritanos del Myflower, desembarcados sesenta años después, sino que se debe a otros pioneros, españoles, y a un personaje maltratado por la Historia, completamente olvidado en su país, pero no así en los Estados Unidos. Si no hubiese sido destruido por un huracán, la historia hubiera sido, probablemente, muy distinta y los dominios españoles en Norteamérica mucho más extensos.

Estatua de Tristán de Luna en Luna Park, Pensacola
Tristán de Luna y Arellano, nacido en. Borobia (Soria) en 1510, también conocido como Tristán de Arellano, fue un explorador y conquistador español de la familia de Luna. Descendiente de una familia castellana establecida en las localidades de Ciria y Borobia, y primo de Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España, y de Juana de Zuñiga, esposa de Hernán Cortés, poco se sabe de él hasta que llegó, alrededor de 1530, a la Nueva España. En 1545 contrajo matrimonio con Isabel de Rojas, viuda de Juan Velázquez y Francisco Maldonado y heredera de sus fortunas, con la que tendría dos hijos, y tres años después, en 1548, fue enviado a Oaxaca para sofocar un levantamiento de nativos. Fue padre de Carlos de Luna y Arellano, capitán general y gobernador de Yucatán en 1604.

Acompañó a Francisco Vázquez de Coronado en la expedición que éste emprendió, en 1540, al norte de México en busca de Cíbola y las siete ciudades de oro. Al inicio del viaje tuvo el grado de capitán de caballería (maestre de campo) y al final de la expedición fue ascendido a Teniente General. La expedición partió de la población de Compostela (Nayarit) y en la población de Culiacán (Sinaloa) fue dividida en dos, la más lenta viajaba con indios a pie, ganado y abastecimientos, en tanto la otra, más ligera, viajaba a caballo. Tristán de Luna fue nombrado segundo al mando de la avanzada, que dirigía Vázquez de Coronado. La expedición terminó en fracaso.

Virrey de Nueva España Don Luis de Velasco

En 1557 el segundo virrey de Nueva España, Luis de Velasco, le encarga una expedición a Santa Elena, en la actualidad Tybee (Georgia), en la costa atlántica de los actuales Estados Unidos para establecer un puesto avanzado. Partió hacia el destino con el título de gobernador de la Florida, al mando de 500 soldados y 1.000 colonos. En agosto de 1559 llegó a la bahía de Pensacola, donde fundó la ciudad de Santa María, que fue al poco tiempo destruida por un huracán. Relevado del cargo, se le ordenó volver a España a dar cuenta de sus actos. Regresó a América y murió en Ciudad de México el 16 de septiembre de 1573.

El poblado fundado por Tristán de Luna se inscribe en una página fundamental de la colonización de Norteamérica por los españoles. Al descubrimiento de Florida por Juan Ponce de León en 1513 y su segundo viaje en 1521, le siguió una serie de trágicas expediciones, como la de Lucas Vázquez de Ayllón en 1526, que llegó a establecer un precario asentamiento en lo que ahora es Georgia, o las de Pánfilo de Narváez en 1528, y Hernando de Soto, entre en 1539 y 1540. Pero ninguna logró fijar un núcleo de población que permaneciera más allá de unos meses.


En cambio, el de Tristán de Luna sobrevivió entre 1559 y 1561 pese a las dificultades. Su expedición había partido de Veracruz (México) con once naves y 1.500 personas a bordo, entre soldados, colonos, esclavos e indios. Bautizado como Santa María, el nuevo poblamiento suponía el primer intento serio por España de adueñarse de la costa norte del Golfo de México. Pero al mes de llegar, un devastador huracán hundió parte de la flota y acabó con los víveres. Dos años después, aquel incipiente poblado se acabó desmantelando. 

*Pensacola es un lugar relevante para la historia española en Norteamérica por otro motivo. Aquí se libró de marzo a mayo de 1781 una batalla decisiva para que España recuperase la Florida de manos inglesas, pero también para la independencia de Estados Unidos, ya que fortaleció a los rebeldes, quienes a través del rió Misisippí y del puerto de Nueva Orleans pudieron abastecerse. El autor de esa victoria fue Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española,



La expedición de Tristán de Luna y Arellano parte, el 11 de junio de 1559, desde San Juan de Ulúa (Veracruz) para llegar a las costas de Florida un mes más tarde, el 12 de julio de 1559, cerca de la isla de Santa Rosa. A finales de ese mes, al pasar por la bahía de Pensacola, la flota llega a la bahía Filipina, en la que descargan los caballos que sobrevivieron a la travesía para viajar por tierra de vuelta a Pensacola, a la que llegan el 14 de agosto de 1559 y se reencuentran con la flota. Una vez allí, seleccionan un lugar para construir el asentamiento (Santa María de Ochuse) y descargaron el contenido de los barcos, proceso que les llevó cinco semanas.

 
En septiembre de 1559, un destacamento de exploración de 200 hombres enviados tierra adentro descubre una gran ciudad indígena llamada Nanipacana siguiendo el curso del río Alabama unas cuarenta leguas tierra adentro. Permanecieron allí y enviaron la noticia a Santa María de Ochuse.

En diciembre de 1559, llegó la primera flota de suministros desde San Juan de Ulúa. A mediados de febrero de 1560, Luna y la mayor parte de los colonos restantes de mueven tierra adentro por rutas terrestres y fluviales hacia Nanipacana, dejando cerca de un centenar de hombres en Santa María de Ochuse.

A principios de abril de 1560, de Luna envió una flotilla de cuatro barcos, desde Nanipacana, río Alabama arriba, que regresó a los 22 días tras haber viajado entre 60 y 70 leguas. La siguiente misión se asignó al sargento mayor Mateo del Sauz el 15 de abril de 1560: con 200 hombres bajo su mando abandonó Nanipacana y se dirigió hasta llegar a la provincia de Coosa (Georgia) en busca de suministros. La falta de éstos llevó a los colonos a abandonar Nanipacana y regresar al abrigo de la bahía el 24 de junio de 1560. A finales de julio de 1560, los colonos regresan a Santa María de Ochuse. Una segunda flota de suministros llega ocho días más tarde, ocasión que algunos colonos aprovechan para regresar a San Juan de Ulua.

Pero estos reveses no desalentaron a Tristán de Luna, que envió a 50 hombres el 10 de agosto de 1560 en dos fragatas hacia La Habana, con objeto de establecer un asentamiento temporal en la Punta de Santa Elena (Isla de Parris, Carolina del Sur).

A finales de agosto de 1560, el destacamento de Sauz acompaña a un grupo de guerreros Coosa en una incursión contra una provincia rebelde, la de Napochin (cerca de Chatanooga, Tennessee). El destacamento del sargento mayor regresa a Santa María de Ochuse desde el territorio de los Coosa en noviembre de 1560.


En diciembre de 1560 llega una tercera flota desde San Juan de Ulua, así como una cuarta a principios de abril de 1561. En ambos casos, muchos colonos optaron por abandonar Santa María de Ochuse, a lo que se suma la llegada en esa cuarta flota del capitán Ángel de Villafañe con orden de reemplazar a Tristán de Luna como gobernador de la colonia. De Luna recibe su licencia y permiso para regresar a España junto a la mayor parte de los colonos restantes llevados por la flota de Villafañe a La Habana, y sólo quedaron unos 50 o 60 hombres en Ochuse, bajo el mando del capitán Biedma. 

En mayo de 1561, las fuertes tormentas destruyen el asentamiento y hunden dos fragatas, forzando a Ángel de Villafañe a evacuar y abandonar el asentamiento. A finales de agosto del mismo año, tras desembarcar a los evacuados en La Española y Cuba, regresa a Santa María de Ochuse a recoger a los últimos soldados restantes para llevarlos de vuelta a San Juan de Ulua.

martes, 5 de septiembre de 2017

Juan de Arquellada. Autor de “Sumario de prohezas y casos de guerra"


Juan de Arquellada, natural de Jaén, es un viejo soldado excombatiente de Flandes que una vez retirado a su tierra giennense escribe un Sumario de proezas y casos de guerra, con informaciones muy variadas y de cierto interés, que en algún caso completa en detalle las grandes crónicas conocidas.

El antiguo reino de Jaén —uno de los tres reinos nacidos de las conquistas de Fernando III— cuenta con una historiografía local medieval y tempranomoderna realmente fuera de lo común. Baste recordar nombres y obras tan importantes como Pedro de Escavias, alcalde de Andújar en tiempos de Enrique IV, autor de Los hechos del condestable don Miguel Lucas de Iranzo, y de un curioso epítome de historia titulado Repertorio de Principes de España; Fernán Mexía, 24 de Jaén, autor de un curioso tratado de genealogía titulado Nobiliario Vero, que fue impreso en Sevilla en 1492; o, ya en el siglo XVI, Gonzalo Argote de Molina, cuya obra principal, Nobleza de Andalucía, se sigue utilizando con provecho. 


Soldados mercenarios de los Tercios españoles (Lansquenetes)
A fines de esta centuria escribió Juan de Arquellada su Sumario de prohezas y casos de guerra acontecidos en Jaén y Reynos de España y de Italia y de Flandes y grandeza de ellos desde el año 1353 hasta el año 1590, curioso cronicón inédito, de gran interés para el estudio de las guerras de Flandes, donde participó su autor como soldado de los Tercios españoles y que, en su primera parte, narra brevemente los sucesos de la segunda guerra de Granada contra los moriscos.

Juan de Arquellada nació en Jaén, en tiempos de Felipe II. No se sabe con certeza de quién era hijo, pero es muy probable que perteneciese a una de las ramas secundarias del linaje Arquellada, la del linaje de Fernando de Arquellada, Jurado de Jaén en 1505 y hermano de Alonso Pérez de Arquellada “el Rico”, que casó con Constanza de Berrio. Uno de los hijos fruto de este matrimonio fue Luís de Arquellada, que fue también Jurado de Jaén y casó con Luisa Carrillo, hija de María Carrillo, anotados como nobles en los padrones del siglo XVI. Y de este matrimonio Arquellada-Carrillo se sabe que fue hijo Francisco de Arquellada y que quizá también lo fuera Juan de Arquellada, suposición que apoya el hecho de que figure el escudo de los Carrillo (un castillo con almenas y en su cuerpo central más alto, con una sola puerta) en la portada del manuscrito del sumario.

Descarga gratuita de la obra

Arquellada. Familia de hijosdalgo. Algún autor la considera originaria del valle de Valduerga, de la Merindad de Trasmiera, pero lo cierto es que aparece radicada desde mediados del siglo XIV en la provincia de Jaén. Otra casa hubo en Extremadura. Ave de Gracia recoge otra casa solar en Asturias. Pasaron a México, Perú, Estados Unidos y Filipinas.

Argote de Molina dice que por muerte de Fernán Alfonso de Xódar, Alcaide de Tis le sustituyó en el mismo cargo, en 1424, su primo Alonso Pérez de Arquellada. Añade que de este Alonso descendieron los Caballeros del mismo apellido que hubo en la ciudad de Ubeda (Jaén), entre ellos los tres que aparecen en el padrón de hijosdalgo del año de 1446, llamados Pedro de Arquellada, Martín de Arquellada y Diego Alfonso de Arquellada, de los que proceden los del mismo linaje establecidos en la ciudad de Jaén.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Luis Vicente de Velasco. Héroe olvidado en la defensa del castillo del Morro


Marino y comandante de la Armada Real Española. A lo largo de su carrera militar destacó por su valentía y destreza al mando de varios buques. Alcanzó su mayor gloria defendiendo La Habana de la invasión inglesa de 1762, y al igual que otros héroes, como Blas de Lezo (el héroe de Cartagena de Indias) o Bernardo de Gálvez. (el héroe de la Guerra de Independencia de EE. UU.), sus méritos han sido poco reconocidos y valorados  hasta ahora. 
 
Por todos sus méritos y en recuerdo suyo, en 1763, e creó el Marquesado de Velasco para su hermano mayor Ïñigo José de Velasco de Isla, con la denominación de "Velasco del Morro", con cuatro mil pesos de renta anuales.

Luis Vicente de Velasco e Isla nació en la villa cántabra de Noja, el 9 de febrero de 1711, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol, en la que fundaron una capilla sus antepasados. Sus padres pertenecían a la nobleza rural de la montaña y eran descendientes de guerreros, nobles y cortesanos destacados a los largo de toda la Reconquista. Hijo de don Pedro de Velasco Castillo Santelices, natural de Noja y Caballero del Hábito de Santiago, y de doña María Antonia (Fdez.) de Isla y Poves, natural de la villa de Isla. Falleció en combate en La Habana (Cuba), el 31 de julio de 1762.

Luís Vicente de Velasco (Museo Naval)

A la edad de quince años, en 1726, sentó plaza de guardiamarina en la compañía del departamento de Cádiz. Con su paisano Antonio de la Colina, recibió el bautismo de fuego en los ataques a Gibraltar. También coincidieron los dos en su destino en la escuadra del general Cornejo, que llevó a la conquista de Orán al ejército del duque de Montemar.

Velasco prestó servicios en aguas de América y en las del Mediterráneo, combatiendo contra los berberiscos; con el grado de teniente de navío en 1739 al romperse las hostilidades contra el Reino Unido; al principio de la guerra tomó parte en algunos encuentros, ascendiendo a capitán de fragata hacía el año de 1741. Al mando de una fragata, pasó a América con los refuerzos que en el año siguiente se enviaron a las Antillas.

En marzo de 1754 fue ascendido a capitán de navío el rey Fernando VI le concede el mando del navío de línea "La Reina". Durante la paz que siguió, continuó Velasco navegando e hizo viajes entre América y Europa, en las escuadra de los generales Regio y Spínola. En junio de 1762 seguía Velasco con el navío Reina, formando parte de la escuadra del general Gutierre de Hevia, marqués del Real Transporte.

Tras el Pacto de Familia entre España y Francia de 1762, los ingleses, en el marco de la Guerra de los siete años, atacan Cuba con una escuadra de 23 navíos, 24 fragatas y 150 barcos menores y de transporte llevando 14.000 hombres de asalto (que después reforzaron con otros 4.000), al mando del almirante George Pocock, quien se presentó en La Habana el amanece del 6 de junio de dicho año. El intrépido Velasco, al que la junta de guerra le encargó su mando, tuvo un papel muy destacado en la defensa del Castillo del Morro, antiguamente llamado “de los Tres Reyes”, que cerraba el puerto de La Habana. A los otros comandantes de los buques sw les adjudicaron otros castillos con el mismo objeto, ya que se desistió de efectuar una salida por ser las fuerzas navales enemigas muy superiores a las españolas, que sólo consistían en ocho navíos de línea a flote más otros menores.

Castillo del Morro, en la Habana
 La flota atacante embocó el Canal Viejo de Bahama, lleno de bajerío, por donde no se esperaba se atreviese tan nutrido convoy, de unas doscientas velas: con veintisiete navíos de línea, quince fragatas, nueve avisos, tres bombardas y ciento cincuenta transportes.2 Aún se dudaba de su actitud hostil, suponiendo fuese un convoy mercante anual entre Jamaica y el Reino Unido. La entrada del puerto de La Habana estaba guarnecida por el castillo del Morro, y la junta de guerra encargó de su mando al intrépido Velasco.

Los atacantes toman con facilidad las alturas dominantes, pese a que antes el gobernador de La Habana, Juan de Prado, hizo transportar a mano piezas de artillería para defenderlas. Pero Velasco resiste en el Castillo del Morro e intenta salidas. Deja al mando de las baterías a Bartolomé Montes y se va a dirigir en persona el fuego de los 30 cañones de las fortificaciones de Santiago, contra las 286 piezas que barrían las posiciones españolas desde los buques Stirling, Dragon, Marlborough y Cambridge. Tras seis horas de combate se retiraron los barcos británicos. Sólo el Stirling lo hizo ileso, y el Cambridge resultó muy averiado. Mientras, las baterías dirigidas por Montes también rechazaron a los ingleses.
Escudo de Armas en su ciudad natal (NOJA)
Armas del marquesado de Velasco del Morro, por Carlos Vidriales
El castillo, al mando de Luis Vicente de Velasco, resistió heroicamente dos meses en unas notorias condiciones de inferioridad. Se contó que el fuego que cayó sobre el castillo, le hacía parecer un volcán y que en esos últimos días de resistencia, Velasco parecía un espectro por su delgadez y cansancio, pero que desplegaba una energía sobrehumana y dormía unas pocas horas antes del amanecer con su sable en la mano. Los fuegos de los atacantes eran seis veces superiores a los de la defensa; Velasco llevaba 37 noches sin desnudarse y sin apenas dormir, era incansable y daba a todos el aliento de su elevado espíritu.

Asalto al castillo del Morro, tras la explosión de una mina que abre un boquete
Recibió una fuerte contusión y, por orden terminante del marques del Real Transporte, hubo de retirarse a la plaza el día quince de julio, acompañado del capitán de fragata Ponce y del sargento mayor de la fortaleza Montes, siendo sustituidos por Francisco de Medina y Diego de Argote, comandantes del navío “Infante” y de la fragata “Venganza”.

La feroz resistencia termina cuando Velasco es abatido por un balazo en el pecho. El jefe de las fuerzas de asalto, sir Reppel, permite el traslado de Velasco a La Habana. Los médicos ingleses intentan salvarle la vida, pero todo resulta inútil y muere a consecuencia de la herida el 31 de julio de 1762, rodeado del marqués del Real Transporte, del de la Colina, de su sobrino el alférez de navío Muñoz de Velasco, herido antes en el Morro, y de otros amigos.

Navíos ingleses, frente a El Morro, maltrechos y desarbolados

Ingleses y españoles pactan un alto el fuego de 24 horas para enterrar al héroe. El día doce, conquistados la Cabaña, el Morro y la loma de Arostegui, privada la ciudad de agua potable y alegando falta de pólvora, la junta se vio en precisión de rendirse y los ingleses se apoderaron de La Habana (la cual volvería a la Corona española por el tratado de París del 10 de febrero de 1763, a cambio de la península de La Florida).

Nota. Los ingleses le rindieron honores, levantaron un monumento en su memoria en la abadía de Westminster y en la Torre de Londres se guardó un estandarte hispánico capturado en El Morro. Hasta principios del siglo XX la marina de guerra británica disparaba salvas de honor en su nombre al pasar ante su villa natal.

Sir Rippel, el general británico, en su informe de lo ocurrido habla de Velasco como

El capitán más bravo del rey católico
Estatua de Velasco en Meruelo
El Rey Carlos III concedió a su hermano mayor, Iñigo José de Velasco, el título nobiliario de Marqués del Morro de La Habana, después Marqués de Velasco, y vizcondado de Torre Castillo. 

El rey también mandó erigir una estatua del primero en el pueblo de Meruelo*, cercano a Noja, y en ella se le representa como cayó: con la espada en la diestra y llevándose la otra mano al costado izquierdo. Mandó también el rey que hubiera siempre en la real armada un navío llamado "Velasco".


*La Villa de Noja, junto a los lugares de Ajo, Arnuero, Bareyo, Castillo, Güemes, Isla, Meruelo y Soano, formaba la Junta de Siete Villas, una de las que componía con las Juntas de Cudeyo, Ribamontán, Cesto, Voto, y las Dos Villas (Argoños y Escalante), la Muy Noble y Siempre Leal Merindad de Trasmiera, parte importante del Distrito de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar de Cantabria, hoy Comunidad Autónoma de Cantabria. La Casa Consistorial y de Audiencia de la Junta de Siete Villas estaba situada en el actual barrio de la Audiencia, perteneciente al Valle de Meruelo, desde donde un Alcalde Mayor administraba justicia y gobernaba la Junta.